Lionel Messi todavía no se despidió de la Selección, pero su ausencia ya empieza a modificar el escenario alrededor del equipo argentino. El amistoso de este sábado ante Burkina Faso, en el Monumental, quedó envuelto en cuestionamientos por la organización y las condiciones del viaje del conjunto africano

Los futbolistas burkineses esperaban llegar a la Argentina el martes por la noche. Sin embargo, el plantel continuó entrenándose en Casablanca el miércoles, después de conocer que el traslado inicialmente previsto sería en una aerolínea comercial

Un viaje que generó malestar

Los jugadores reclamaron viajar en un vuelo chárter, que permite completar el trayecto en unas diez horas. La empresa Euro Data Sport gestiona el amistoso, aunque las condiciones del acuerdo dependen de la AFA

Más tarde apareció la posibilidad de utilizar un avión privado y se modificaron algunos términos. Aun así, varios integrantes del plantel no habrían aceptado trasladarse bajo esas condiciones. La situación incluso motivó la intervención del gobierno de Burkina Faso

La delegación estaría llegando a Buenos Aires apenas siete horas antes del comienzo del encuentro. El escaso margen para descansar contrasta con la preparación habitual de los equipos que deben afrontar viajes extensos o jugar en escenarios con exigencias físicas particulares

Messi ya no funciona como carta de negociación

El problema excede la demora o el medio de transporte. Durante años, la presencia de Messi ofreció un incentivo adicional para los rivales que aceptaban recorrer grandes distancias para jugar en la Argentina. Una foto, una camiseta o la posibilidad de compartir la cancha con él podían compensar otras incomodidades

Esta vez, el capitán sólo participará del partido frente a Benín, previsto para el martes. Los jugadores de Burkina Faso supieron que no tendrían la posibilidad de enfrentarlo, pese a que hasta hace pocos días existía la expectativa de que actuara en más de un compromiso

La AFA ya había elegido en otras ocasiones adversarios de menor jerarquía para priorizar beneficios económicos y facilitar la planificación. El valor deportivo de esos partidos, en cambio, depende de las conclusiones que Lionel Scaloni pueda obtener, de las variantes que pruebe y de las sociedades que ensaye

La transición hacia 2030

El entrenador comenzó a proyectar el próximo ciclo sin su principal figura, aunque antes deberá afrontar la Copa América de 2028. La renovación también exige encontrar nuevos futbolistas y construir un equipo que no dependa de una sola presencia

Claudio Tapia podría recordar que, antes del Mundial de Qatar 2022, la Argentina tampoco disputó demasiados amistosos de alto nivel. Algo parecido ocurrió antes del subcampeonato de 2026. Sin embargo, esos antecedentes no necesariamente justifican decisiones dirigenciales que afecten la preparación o la imagen del seleccionado

Mientras Messi estuvo disponible, su figura ayudó a disimular fallas de logística y acuerdos poco atractivos para algunos rivales. Sin ese recurso, las condiciones de cada partido quedan más expuestas. La experiencia ante Burkina Faso muestra que lo que antes parecía una ventaja garantizada ya no alcanza

La Selección se prepara para una nueva etapa. Y la organización de sus amistosos deberá acompañar ese proceso con mayor previsión, especialmente cuando el principal atractivo del equipo ya no esté presente