“El futuro es para otras personas”. Patrick Depailler pronunció esa frase durante una cena en Zandvoort, cuando su representante intentaba convencerlo de que organizara sus asuntos económicos. Años después, aquellas palabras quedaron asociadas a una vida marcada por la velocidad, la pasión y el riesgo
El francés fue uno de los protagonistas más carismáticos de la Fórmula 1 en la década de 1970. Corrió 95 grandes premios, ganó en Mónaco en 1978 y en España en 1979, consiguió 19 podios, una pole position y cuatro récords de vuelta
Una maniobra inolvidable en Buenos Aires
El 15 de enero de 1978, durante el Gran Premio de Argentina, Depailler ofreció una de las maniobras más celebradas de aquella competencia. Al volante de un Tyrrell Ford, salió del curvón Salotto detrás de Didier Pironi y Brett Langer
Los tres ingresaron juntos a la larga recta del lago. Langer intentó superar a Pironi y dejó de ver a Depailler, que aprovechó el espacio, se abrió y pasó a los dos rivales en una sola maniobra antes de la chicana de Ascari
El francés terminó tercero, detrás de Mario Andretti y Niki Lauda, pero recibió una ovación especial. Tenía 33 años, transitaba su séptima temporada en la categoría y ya era reconocido por un estilo que combinaba talento, agresividad y una permanente disposición a correr riesgos
El accidente que casi terminó con su carrera
El 3 de junio de 1979, cuando atravesaba uno de los mejores momentos de su trayectoria, Depailler sufrió un grave accidente mientras practicaba ala delta en las montañas del Puy-de-Dôme, cerca de Clermont-Ferrand
Hacía apenas un mes había ganado el Gran Premio de España y compartía con Gilles Villeneuve el liderazgo del campeonato, con 20 puntos. Su llegada a Ligier le había permitido soñar con la pelea definitiva por el título
El ala delta cayó contra la montaña y el impacto le provocó fracturas en las piernas, los brazos y varias costillas. También sufrió lesiones gravísimas en los tobillos, al punto de que se llegó a mencionar la posibilidad de amputarle los pies
La temporada terminó de inmediato. Durante meses debió someterse a varias operaciones y a una rehabilitación extensa. Depailler, sin embargo, no aceptaba la idea de abandonar la competición. Entrenó sus piernas, soportó el dolor y buscó recuperar la fuerza necesaria para volver a accionar los pedales de un auto de Fórmula 1
François Guiter, dirigente de Elf y una de las personas más cercanas al piloto, destacó su paciencia y determinación durante la recuperación. Incluso una nueva fractura sufrida durante una visita al hospital retrasó todavía más su regreso
El regreso con Alfa Romeo
Mientras Depailler se recuperaba, Ligier ocupó su lugar con Jacky Ickx. Cuando estuvo en condiciones de pensar otra vez en su futuro, el francés ya no tenía la butaca que esperaba. Entonces aceptó la propuesta de Alfa Romeo, un equipo que todavía buscaba construir un auto capaz de competir regularmente por las primeras posiciones
En la presentación de la temporada 1980 apareció con muletas. Caminaba con dificultad, pero se preparaba para conducir a unos 300 kilómetros por hora. Además, los pedales del Alfa Romeo 179 exigían un esfuerzo considerable, por lo que el equipo tuvo que modificar el auto para adaptarlo a sus piernas debilitadas
“Volví del infierno”, afirmó al regresar a la categoría. Los resultados iniciales fueron decepcionantes: no pudo finalizar ninguna de las primeras ocho carreras. Aun así, hubo señales alentadoras. Clasificó tercero en Kyalami, ocupó la tercera posición de la grilla en Long Beach y marchaba en el grupo delantero de Mónaco cuando una falla mecánica lo dejó fuera
El octavo abandono consecutivo llegó el 13 de julio, en Brands Hatch, durante el Gran Premio de Gran Bretaña. “No le encuentro la vuelta, pero los ingenieros tampoco”, dijo entonces. Mentalmente agotado y lejos de la pelea por el campeonato que había protagonizado con Ligier, decidió tomarse unos días de descanso
Las últimas vacaciones
Depailler viajó a las Azores durante la pausa previa al Gran Premio de Alemania. Allí disfrutó de 15 días junto con su pareja, Valerie, y su amigo François Guiter. Hubo buceo, descanso, buena comida y una felicidad que Guiter describió como excepcional
Pero Alfa Romeo lo llamó para solicitarle unas pruebas antes de la carrera de Hockenheim. Depailler regresó porque era el piloto que mejor conocía el comportamiento del auto y tenía una sensibilidad especial para detectar qué debía modificarse
La prueba estaba prevista para el viernes 1° de agosto. El domingo 10 se disputaría el Gran Premio, un día después del cumpleaños número 36 del francés
El accidente en Hockenheim
Hockenheim era considerado uno de los circuitos más veloces y peligrosos del calendario. La antigua Ostkurve exigía tomar una curva rapidísima, con velocidades enormes y márgenes de error mínimos
Durante una de las vueltas de prueba, el Alfa Romeo perdió el control, salió de la pista y golpeó las barreras de protección. No se pudo establecer con certeza la causa del accidente, aunque se mencionó una posible falla relacionada con la suspensión
El auto habría abandonado el trazado a unos 200 kilómetros por hora, sin dejar marcas de frenada. Después del impacto, siguió desplazándose sobre la barrera durante una larga distancia antes de volcar
Depailler fue trasladado en helicóptero a la clínica universitaria de Heidelberg, situada a unos 20 kilómetros del circuito. Sin embargo, los médicos no pudieron salvarlo. El piloto francés murió el 1° de agosto de 1980, el mismo día del aniversario número 21 de la muerte de su ídolo, Jean Behra
Hijo de Marcel y Paulle Depailler, Patrick había sido daltónico, tenía dos hermanas y se había casado en 1967 con Michelle, con quien compartía fecha de nacimiento. Tuvieron un hijo, Loic, nacido en 1973
Sus estadísticas reflejan una carrera destacada, aunque insuficiente para explicar su personalidad. Depailler fue un piloto que parecía competir siempre al límite, capaz de entusiasmar al público con una maniobra brillante y de convertir cada desafío en una prueba contra el peligro
El ala delta terminó alterando su trayectoria y, poco más de un año después de aquel accidente, una prueba de Fórmula 1 puso fin a su vida. Sus últimas vacaciones habían transcurrido entre paisajes, afectos y una sensación de plenitud. El futuro, como él mismo había dicho, parecía pertenecerle a otros