Los biocombustibles dejaron de ser una alternativa marginal para convertirse en un componente estructural del sistema energético y del sector agropecuario. El etanol y el biodiésel ya participan en el transporte terrestre y vinculan la producción de alimentos con la generación de energía
A nivel mundial, cerca del 30% de la caña de azúcar, el 15% del maíz y más del 20% del aceite de soja se destinan simultáneamente a esos dos usos. Por eso, resulta cada vez más difícil proyectar el futuro de las cadenas agrícolas sin considerar el crecimiento de la demanda energética
La nueva demanda llega desde el aire y el mar
El próximo salto de escala estará impulsado por la necesidad de reducir las emisiones en sectores complejos, como la aviación y el transporte marítimo. Los aceites vegetales y el etanol que actualmente se incorporan a los combustibles terrestres también pueden ser utilizados para producir Combustible Sostenible de Aviación, conocido como SAF
La magnitud del desafío es considerable: para responder a esas nuevas necesidades, la producción mundial de biocombustibles debería triplicarse durante los próximos 25 años
Argentina y el desafío de agregar valor
Para la Argentina, este escenario abre una oportunidad concreta. El país produce alrededor de 70 millones de toneladas de maíz y exporta más del 60% sin incorporar valor agregado. Además, el complejo sojero puede generar más de 12 millones de toneladas de aceite, mientras que la producción de caña de azúcar creció con fuerza durante la última década
La base productiva también incluye agricultores tecnificados, una agroindustria competitiva, infraestructura exportadora y conocimientos acumulados durante décadas. A eso se suma la disponibilidad de hidrocarburos, un recurso que puede complementarse con el desarrollo de fuentes renovables en lugar de competir necesariamente con ellas
Más refinación y desarrollo federal
El aumento de las exportaciones de petróleo convive con una capacidad limitada de las refinerías locales para procesarlo. En ese contexto, los biocombustibles pueden ampliar de manera modular la capacidad de refinación, reducir la necesidad de importar naftas y gasoil, y promover la industrialización en las regiones productoras
Impulsar esta industria no supone únicamente reemplazar una parte de los combustibles convencionales. También requiere construir plantas, incorporar tecnología, desarrollar logística y certificaciones, formar recursos humanos y alcanzar una escala capaz de atender los mercados internacionales
La expansión del mercado interno puede funcionar como el primer paso para generar esas capacidades. A mediano plazo, permitiría avanzar hacia la producción y exportación de biocombustibles bajos en carbono destinados a la aviación y la navegación
Argentina dispone de recursos y de buena parte de las capacidades necesarias. El desafío consiste en convertir la transformación energética global en una estrategia local de mayor industrialización y valor agregado