En el XXI Seminario Internacional de Techint, Leland Miller advirtió que el llamado China Shock 2.0 ya no impacta solo en el comercio y la producción, sino también en la seguridad de los países. Según su lectura, Beijing busca ampliar su dominio en industrias intensivas en capital y tecnología, especialmente desde el lanzamiento de Made in China 2025
Miller sostuvo que un desacople total con China es inviable para economías como la argentina, aunque remarcó que cada vínculo comercial, financiero o productivo con ese país debería medirse por sus efectos de largo plazo. También afirmó que hacia 2030 China podría concentrar el 45% del valor agregado industrial mundial
Semiconductores, subsidios y control tecnológico
El informe citado por el especialista señaló que China sigue detrás de Estados Unidos y Occidente en semiconductores avanzados, aunque avanzó con rapidez en chips fundamentales. En ese terreno, añadió, recibió subsidios y apoyo estatal muy superiores a los movilizados por la ley norteamericana de Chips y Ciencia
El documento también destacó el crecimiento de SMIC, que en 2024 superó a GlobalFoundries y se consolidó como la tercera fundición más grande por ingresos. A la vez, recordó los controles de exportación impuestos por Washington y sus aliados sobre equipos para fabricar chips de última generación
En esa disputa aparece Huawei como una pieza central. El texto señaló que la expansión global de la empresa no solo implica una mejora tecnológica, sino también un posible acceso estratégico a información sensible de usuarios, compañías y gobiernos. En Argentina, esa preocupación quedó reflejada en el debate por un contrato que CALF, la cooperativa eléctrica neuquina, negocia con la firma china
La Argentina y el cuello de botella tecnológico
En la misma jornada, Ricardo Hausmann planteó que la Argentina y otros países de América Latina mejoraron en varios indicadores sociales, pero no lograron converger con las economías desarrolladas. Para el economista, la principal explicación es el atraso tecnológico y la débil articulación entre Estado, empresas, universidades e investigación científica
Hausmann comparó el recorrido argentino con el de Corea del Sur. Según explicó, el país asiático apostó primero por la investigación aplicada para resolver problemas productivos y recién después fortaleció el vínculo con universidades y ciencia. En la Argentina, en cambio, las universidades conservaron un rol sobre todo docente y la política tecnológica no logró traducirse en más innovación
El economista subrayó además que Corea del Sur tiene hoy siete veces más investigadores por millón de habitantes, invierte 9,4 veces más de su PBI y genera 201 veces más patentes por millón que la Argentina. Entre las empresas argentinas con más patentes mencionó a YPF e Y-Tec, Siderca-Tenaris, Bioceres-Indear y Biosidus
La conclusión de ambos expositores fue convergente: en un mundo donde la tecnología define poder económico y capacidad estratégica, la Argentina enfrenta el desafío de pasar de la discusión académica a una agenda de resultados concretos