La estructura tributaria argentina combina una fuerte presión sobre quienes cumplen con sus obligaciones y una elevada informalidad laboral. En 2024, la presión tributaria alcanzó el 27,6% del PBI, por encima del promedio de América Latina y el Caribe, del 21,7%, aunque por debajo del 34,1% registrado en los países de la OCDE

Sin embargo, el promedio puede ocultar una realidad más exigente para los contribuyentes efectivos. Con una informalidad laboral superior al 40%, la carga se concentra en una porción relativamente reducida de la economía

Los tributos más fáciles de recaudar

Durante distintas crisis fiscales se crearon impuestos con carácter transitorio que luego permanecieron. Entre los ejemplos más relevantes aparecen el impuesto a los débitos y créditos bancarios, con una recaudación cercana al 1,6% del PBI, y los derechos de exportación, que aportan alrededor del 1%

A estos tributos se suma Ingresos Brutos, cuya recaudación ronda el 4% del PBI. Por su capacidad de reaparecer cada vez que se intentó reemplazarlo, suele ser considerado una pieza persistente de la estructura tributaria provincial

En conjunto, los tres impuestos representan unos 6,6 puntos del producto. Su principal característica común es la facilidad de cobro: el impuesto al cheque se percibe mediante el sistema financiero, las retenciones se aplican en operaciones aduaneras e Ingresos Brutos grava las ventas y constituye la mayor fuente de recursos propios de las provincias

Pero esa eficiencia recaudatoria genera efectos negativos. El impuesto a los débitos y créditos encarece las transacciones bancarias y puede desalentar la bancarización. Ingresos Brutos se acumula durante la cadena productiva porque grava las ventas en lugar del valor agregado. Las retenciones, en tanto, reducen el precio que recibe el exportador

Eliminar impuestos exige encontrar recursos

La eliminación de un tributo no borra la necesidad de financiar el gasto público. Cada peso que deje de recaudarse debería compensarse con una reducción del gasto, una ampliación de otras bases imponibles, una revisión de exenciones o una disminución de la evasión

El problema adquiere otra dimensión cuando se consideran los 6,6 puntos del PBI aportados por esos tres impuestos. No existe una fuente alternativa inmediata de semejante magnitud

Una posible vía de revisión son los llamados gastos tributarios: exenciones, deducciones, alícuotas reducidas y regímenes especiales. El Presupuesto 2027 los estima en el 3,7% del PBI, aunque su eliminación no se traduciría automáticamente en una recaudación equivalente, porque modificaría precios, cantidades y decisiones de consumo

El IVA y el alcance de las exenciones

El IVA concentra el mayor componente de esos gastos tributarios, con una estimación del 1,33% del PBI, equivalente al 36% del total. Las tasas reducidas y las exenciones suelen defenderse por su supuesto efecto distributivo, pero también alcanzan a los hogares de mayores ingresos

Las estimaciones disponibles indican que el 10% de menores ingresos concentra apenas el 0,7% del consumo de bienes exentos y el 2,9% del consumo de productos con tasa reducida. En cambio, el decil más rico reúne más del 44% del consumo exento y casi el 25% del consumo alcanzado por tasas reducidas

Una alternativa sería limitar esos tratamientos especiales y devolver parte del IVA efectivamente pagado a las personas de menores ingresos. De ese modo, la asistencia se dirigiría a los hogares que realmente necesitan apoyo, sin subsidiar también el consumo de los sectores más acomodados

Una base reducida en el impuesto a las ganancias

El impuesto a las ganancias presenta una dificultad diferente: son pocos los contribuyentes que lo pagan. En la Argentina representan aproximadamente el 5% de la población, frente a cerca del 22% en Brasil, el 56% en Chile y el 63% en México

Uno de los factores que explica esa diferencia es el nivel mínimo a partir del cual comienza a tributarse. Para el ejercicio 2024, ese umbral equivalía en la Argentina a 1,62 veces el PBI per cápita, mientras que el promedio de la OCDE se ubicaba en 0,4 veces

Ampliar la cantidad de contribuyentes no implica necesariamente aumentar las alícuotas. Una base más extensa, menos excepciones y una escala progresiva podrían elevar la recaudación sin concentrar toda la carga en un grupo pequeño

El Monotributo y la transición hacia la formalidad

El régimen simplificado también plantea interrogantes. Entre 2012 y 2025, la cantidad de monotributistas creció cerca del 65%, mientras el empleo asalariado privado registrado prácticamente no aumentó. Actualmente, los inscriptos en el régimen representan casi una cuarta parte de los aportantes previsionales

Para determinados niveles de ingresos, los aportes y contribuciones de un trabajador asalariado pueden superar en más de ocho veces el costo correspondiente a un monotributista. Al mismo tiempo, la recaudación del régimen cayó del 0,15% del PBI en 2012 al 0,08% en 2025

Así, un sistema pensado como una puerta de entrada a la formalidad corre el riesgo de transformarse en una situación permanente, con diferencias significativas frente al régimen general

El límite provincial de una reforma

La sustitución de Ingresos Brutos es uno de los puntos más complejos. El impuesto aporta cerca del 4% del PBI y explica aproximadamente cuatro de cada cinco pesos recaudados por las provincias

Reemplazarlo no sólo requiere definir un nuevo tributo. También demanda establecer quién lo cobrará, cómo se distribuirán los recursos y de qué manera se conservarán la autonomía y el financiamiento provincial. Una alternativa como un IVA provincial necesitaría un acuerdo federal y un período de transición

Una discusión similar aparece en los impuestos al trabajo. Los aportes y contribuciones a la seguridad social recaudan más del 5,6% del PBI y representan alrededor del 35% del costo laboral. Reducirlos podría abaratar la formalización, pero esos recursos financian las jubilaciones. Sin una solución previsional simultánea, el desequilibrio sólo cambiaría de lugar

Una reforma gradual y con equilibrio fiscal

Los datos muestran la magnitud del desafío: 6,6 puntos del PBI provienen de tres impuestos muy cuestionados, mientras los gastos tributarios alcanzan el 3,7%. A eso se suman una base limitada del impuesto a la renta personal, las diferencias entre el Monotributo y el régimen general, una informalidad superior al 40% y una evasión elevada

Estas cifras no pueden sumarse de manera automática, pero sí señalan áreas de revisión. Una reforma tributaria no consiste simplemente en reducir impuestos: implica decidir qué tributos bajar, qué bases ampliar, qué exenciones mantener, cómo sumar contribuyentes y qué nivel de gasto público se busca financiar

La secuencia también resulta determinante. Reducir los impuestos más distorsivos requiere recursos alternativos y solvencia fiscal. Sustituir Ingresos Brutos exige coordinar con las provincias. Disminuir la carga sobre el trabajo obliga a discutir el financiamiento previsional. Modificar Ganancias y el Monotributo demanda transiciones graduales

Después de años en los que las emergencias fiscales dejaron impuestos permanentes, el desafío consiste en avanzar en sentido contrario: reemplazar de manera progresiva los tributos fáciles de cobrar pero costosos para la economía por un sistema con bases más amplias, menos excepciones y reglas más simples, sin volver a provocar el desequilibrio que les dio origen