El negocio energético atraviesa un momento de oportunidad en medio de un mercado global volátil. Para Gustavo Perego, director de Abeceb, en la Argentina ya se activó un impulso que puede cambiar la escala del sector
En una presentación sobre el presente y las proyecciones de la industria, el especialista señaló que la guerra entre Rusia y Ucrania alteró el tablero internacional y empujó a los compradores a buscar nuevas fuentes de abastecimiento. En ese contexto, regiones como Europa y Asia avanzan en estrategias de diversificación
Un giro exportador que ya empezó
Entre los casos que reflejan esa tendencia, Perego destacó el acuerdo entre Southern Energy y Alemania, una operación valuada en US$7000 millones que considera una señal clara del nuevo lugar que puede ocupar la Argentina en el mapa energético
Ese movimiento coincide con un dato fuerte: en el primer semestre de 2026, el superávit energético superó los US$5000 millones, una marca histórica para el país. Según el análisis, ese resultado responde a un cambio profundo en la estructura productiva, con Vaca Muerta como principal motor
Vaca Muerta deja de ser promesa
Para Perego, la formación neuquina ya no es una expectativa de largo plazo sino una realidad en expansión. La producción viene acelerándose mes a mes y, con el ritmo actual, el sector podría llegar al millón de barriles este año. A futuro, incluso imagina un escenario de 1,5 millones de barriles diarios en la próxima década
El especialista sostuvo que dos indicadores ayudan a medir esa expansión: las etapas de fractura y la cantidad de equipos de perforación en actividad. Su proyección marca unas 28.000 etapas para 2026, cerca de 38.000 el año siguiente y hasta 50.000 hacia el final de la década
Más inversión, más exigencia
La expansión también eleva la presión sobre la cadena de proveedores. Hoy Vaca Muerta capta entre US$10.000 millones y US$11.000 millones al año, pero podría escalar hasta US$20.000 millones hacia el cierre de la década
Ese salto, advirtió Perego, exigirá más eficiencia, mayor integración entre empresas y una especialización más profunda de los servicios vinculados al petróleo y al gas. El objetivo será acercarse a estándares internacionales de productividad
La infraestructura define el techo
El otro gran condicionante es la logística. Sin obras de transporte y salida, aclaró, no hay posibilidad de exportar a gran escala. La infraestructura no solo debe mover arena, insumos y producción hidrocarburífera, sino también habilitar el envío de gas y energía eléctrica
Con más disponibilidad de gas, se abren además nuevos negocios industriales, desde centros de datos asociados a inteligencia artificial hasta proyectos de fertilizantes de gran escala. Para Perego, el mercado ya empieza a creer que este ciclo llegó para quedarse
Si esa tendencia se sostiene, la próxima década podría dejar al país con más dólares, cuentas externas más sólidas, mayor recaudación genuina y un proceso de industrialización con impacto estructural