Lo que empezó como una salida creativa en pleno aislamiento terminó convertido en una marca con identidad propia. Emmanuel Zamora y Gabriela López, que convivieron durante la pandemia en Tandil, pasaron de elaborar productos caseros a desarrollar Alfabrownie, una propuesta que tomó al brownie como base para transformarlo en alfajor
Hoy la empresa fabrica 15.000 unidades por mes, incorporó un nuevo espacio de producción y sumó a un socio con industrial. Además, tuvo su primera participación en el Mundial del Alfajor, realizado en La Rural de Buenos Aires, y obtuvo la medalla de bronce a la mejor textura en el Campeonato Provincial del Alfajor, en Lanús
De la cocina hogareña a una marca registrada
En el inicio, Gabriela ya trabajaba con budines, panes dulces y encargos para fechas especiales, mientras Emmanuel colaboraba con la administración y la organización desde su experiencia como desarrollador de software. Durante la cuarentena, ambos comenzaron a ofrecer desayunos y otras propuestas para ocasiones puntuales
El brownie fue ganando peso dentro de esa oferta. A partir de distintas pruebas con dulce de leche, galletitas, frutos secos y otros rellenos, surgió la idea de darle una forma nueva y una identidad diferenciada. Así nació el producto que más tarde se convertiría en la base de la marca
La validación llegó en una feria
Antes de pensar en crecer, necesitaban comprobar si el producto funcionaba. La oportunidad apareció en la feria de Semana Santa de Tandil, en 2021. Prepararon 500 unidades para cubrir los cuatro días del evento, pero el cálculo quedó corto: al segundo día ya habían vendido todo
La experiencia confirmó que había demanda real. La producción siguió de manera manual, con armado uno por uno, bolsitas, sellado y mucho trabajo artesanal detrás de cada pieza. La respuesta del público terminó de empujar la decisión de avanzar con una marca propia
Vender donde estaba el movimiento
Con el producto validado, el siguiente paso fue encontrar una forma eficiente de distribución. En lugar de insistir con ventas dispersas, apostaron a comercios de cercanía: almacenes, kioscos y locales de regionales
La estrategia se basó en dejar muestras, esperar la devolución del comerciante y repetir el recorrido. Para sostener la rentabilidad sin resignar calidad, también fueron a buscar insumos en volumen directamente al proveedor mayorista. El objetivo fue claro: proteger la receta original antes que abaratarla
Sumar experiencia para escalar
El crecimiento trajo un límite físico evidente. La producción terminó absorbiendo la casa y, cuando mudaron el emprendimiento, trabajaron al principio con las mismas herramientas que ya tenían
En esa etapa apareció Claudio, ingeniero industrial, con experiencia en puesta en marcha de plantas. Su incorporación aportó el conocimiento necesario para pasar de un emprendimiento doméstico a una pyme con otra escala de trabajo
Separar la sociedad de la pareja
La expansión coincidió con el final de la relación sentimental entre Gabriela y Emmanuel. Sin embargo, el negocio no quedó atrapado por ese cambio personal. Ambos decidieron sostener el proyecto y transformar el vínculo en una sociedad profesional
Ese ordenamiento fue otro de los pilares para sostener el crecimiento. Alfabrownie siguió su camino con una estructura más sólida, una producción en aumento y una presencia cada vez más visible dentro del mercado del alfajor