La campaña de granos gruesos presenta condiciones favorables: hay humedad suficiente y los precios mantienen relaciones convenientes con el costo de los fertilizantes. Aun así, aplicar nitrógeno y fósforo sin un diagnóstico preciso puede reducir el resultado productivo y económico

El cultivo define la necesidad

El maíz y la soja requieren 17 nutrientes esenciales. Entre los principales se encuentran el nitrógeno y el fósforo, aunque las necesidades varían según el cultivo

En maíz se estiman 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo por cada tonelada de grano producida. En soja, los requerimientos indicados son de 6 kilos de nitrógeno y 70 kilos de fósforo por tonelada

La soja obtiene buena parte del nitrógeno del aire mediante bacterias simbióticas del género Rhizobium. Se estima que ese mecanismo aporta, en promedio nacional, el 60% del nitrógeno que consume el cultivo

Lo que sale del lote en cada cosecha

La planta absorbe más nutrientes de los que finalmente se exportan con los granos. En el maíz, cada tonelada de rendimiento representa la salida de unos 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo

Con un rendimiento de 7700 kilos por hectárea, el cultivo exporta alrededor de 108 kilos de nitrógeno y 23 kilos de fósforo por hectárea. Las dosis promedio utilizadas en el país, en cambio, son de aproximadamente 70 kilos de nitrógeno y 12 kilos de fósforo

La diferencia implica que una parte del consumo está siendo cubierta por el suelo, lo que puede convertirse en un costo productivo no visible en el corto plazo

Nitrógeno y fósforo se comportan distinto

El nitrógeno es muy móvil y puede perderse por lavado, especialmente durante períodos de lluvias abundantes, al infiltrarse hacia capas profundas del suelo

El fósforo tiene una movilidad menor: queda retenido en las partículas del suelo y presenta un riesgo de lavado más bajo. Por eso, cada nutriente requiere una estrategia de aplicación diferente

Modelos para ajustar la dosis

La recomendación para el nitrógeno parte de lo disponible al momento de la siembra, la mineralización del suelo y el efecto del cultivo antecesor. Luego se considera el rendimiento objetivo y se descuenta el nitrógeno que ya está disponible

Para el fósforo se utiliza el método de fósforo extractable de Bray. El análisis mide el contenido del nutriente en los primeros 20 centímetros del suelo y lo compara con el umbral crítico del cultivo

También se debe evaluar la eficiencia agronómica: los kilos adicionales de grano obtenidos por cada kilo de nitrógeno o fósforo aplicado frente a un lote sin fertilización

Una nutrición balanceada no se limita al nutriente principal. El fósforo, el azufre y el zinc, entre otros elementos, también pueden ser necesarios para mejorar el rendimiento, amortizar los costos de implantación y reducir las pérdidas de nutrientes

Relaciones de precios favorables para el maíz

En la campaña actual, se necesitan 9 kilos de maíz para comprar 1 kilo de fertilizante nitrogenado. Esa relación se encuentra 8% por debajo del promedio de los últimos 20 años

La relación para el fósforo es menos conveniente y se ubica 13% por encima de ese promedio

Los cálculos presentados indican que elevar la fertilización nitrogenada del maíz de 80 a 160 kilos por hectárea puede llevar el margen neto de un campo alquilado a 16 quintales de soja por hectárea desde un resultado negativo de 105 dólares hasta 299 dólares por hectárea. El costo de fertilización considerado es de 134 dólares por hectárea

En soja, aumentar la aplicación de fósforo de 9 a 24 kilos por hectárea permitiría elevar el rendimiento de 3,7 a 4,2 toneladas por hectárea, con 74 dólares adicionales por hectárea asociados a la aplicación

Diagnóstico antes que repetición

Para obtener márgenes brutos rentables, el rendimiento resulta decisivo. La recomendación es evitar reducciones generales en las dosis y ajustar cada estrategia con mediciones de nitrógeno en el suelo, nitrógeno anaeróbico y fósforo extractable de Bray

Repetir la fórmula del año anterior no garantiza el mismo resultado. La fertilización debe definirse con una mirada de largo plazo, porque el resultado se mide en cada campaña, pero la productividad del lote se construye durante varios años