Una corrección cambiaria que considera inevitable
El economista Roberto Frenkel planteó que el país necesita un tipo de cambio más alto para sostener una estructura productiva más amplia que la vinculada al sector exportador tradicional. A su criterio, el nivel actual del dólar favorece sobre todo a actividades que funcionan como enclaves y deja poco margen para el desarrollo de otras ramas de la economía
En ese esquema, señaló que una corrección cambiaria podría generar una aceleración transitoria de la inflación, pero la describió como un costo necesario para devolver viabilidad a la producción local
Críticas al equilibrio actual
Frenkel advirtió que la estabilidad cambiaria depende hoy de una economía recesiva, con menos importaciones por la caída de la actividad. Según su lectura, eso explica parte del superávit externo, más que una mejora genuina de exportaciones o productividad
También sostuvo que el problema no responde a una abundancia de dólares, sino a una dinámica en la que la riqueza no se derrama hacia otros sectores de la economía. En esa línea, consideró que el poder de compra de los salarios sigue rezagado y que la quita de subsidios empuja al alza los servicios
Un diagnóstico social y económico adverso
El economista describió el escenario como socialmente delicado y cuestionó la falta de mejora en el empleo y en la actividad en la provincia de Buenos Aires y el Conurbano. Afirmó que sostener el programa actual en un contexto de pobreza creciente luce difícil
Para Frenkel, la salida requiere aceptar el “mal trago” de una corrección del tipo de cambio y una suba de la inflación, con el objetivo de permitir que existan actividades viables más allá del complejo primario exportador
Una postura que ya había marcado antes
No es la primera vez que el economista cuestiona el atraso cambiario. En intervenciones previas, había señalado que un programa de estabilización necesita tipo de cambio ajustado, reducción del déficit de cuenta corriente y acumulación de reservas genuinas
También había advertido que los esquemas apoyados en un dólar retrasado suelen tener un alivio inicial, pero luego derivan en más incertidumbre, mayor costo financiero y una nueva etapa de contracción económica