“La inteligencia artificial podría acabar con la humanidad antes de que termine la década”. Una advertencia publicada en X volvió a poner en circulación uno de los temores más persistentes alrededor de la tecnología. Poco después, Evan Hubingher sostuvo que la probabilidad de que ocurra algo semejante supera el 10% durante los próximos diez años

Las figuras más visibles de la industria se sumaron al debate con declaraciones alarmistas, pedidos de regulación y pronósticos sobre una posible pérdida de control. Elon Musk, Sam Altman, Dario Amodei y Alex Karp aparecen como protagonistas de una escena en la que conviven la paranoia, la expectativa y cotizaciones bursátiles récord

Un apocalipsis contado en clips

La historia reúne varios ingredientes clásicos: dinero, poder, secretos, héroes, villanos y un desenlace incierto. Sin embargo, se difunde con el formato propio de la época: frases contundentes, videos breves, publicaciones rápidas y una expectativa que se renueva con cada declaración

Durante el All-in Summit, Donald Trump participó de una llamada telefónica espontánea junto a Jensen Huang, CEO de Nvidia. Allí ironizó sobre la paradoja de fabricar microchips cada vez más avanzados mientras no podían conectarlo correctamente con el sistema de sonido. También calificó el fenómeno de la inteligencia artificial como una conspiración china

El trasfondo del debate está en los avances de la inteligencia artificial y en su expansión mediante chats y herramientas generativas. Esos progresos alimentan las especulaciones sobre la Inteligencia Artificial General y la Singularidad, pero también sobre la autonomía de los sistemas y su capacidad para causar daños

Del ciberespacio a la ficción apocalíptica

Un episodio de ciberseguridad protagonizado por agentes autónomos de inteligencia artificial reforzó la mirada de quienes anticipan escenarios extremos. La semejanza con la ciencia ficción no resulta casual: desde hace siglos, la humanidad imagina su propia desaparición a través de relatos religiosos, literarios y audiovisuales

El Apocalipsis, escrito en el siglo I, presentó una guerra terminal seguida por la salvación cristiana, con jinetes, monstruos y catástrofes. La expectativa de un final inminente volvió a ganar fuerza alrededor del cambio del primer milenio, hacia el siglo X

Mary Shelley llevó esa preocupación a la literatura. Además de crear a Frankenstein, publicó en 1826 El último hombre, novela en la que una plaga destruye a la humanidad y deja a un único sobreviviente

Más tarde, el cine y la cultura popular retomaron el temor a una catástrofe provocada por la naturaleza o por los avances científicos. El episodio Y2K prometió un apagón informático global al llegar el 31 de diciembre de 1999, aunque finalmente no produjo el desastre anunciado

En Don’t Look Up, Adam McKay convirtió la amenaza de un asteroide en una sátira sobre la competencia entre una crisis planetaria, las redes sociales, las urgencias mediáticas y el entretenimiento

La trama final en formato breve

Yuval Harari también se preguntó si las creaciones humanas podrían llevar a la desaparición de la especie, mediante una forma de suicidio ecológico o tecnológico. Su planteo parte de una característica central de la humanidad: la capacidad de organizarse alrededor de relatos compartidos

El temor contemporáneo a la inteligencia artificial parece condensar esa tradición en un nuevo formato. La historia combina ambición, conspiraciones, millones de dólares, poder geopolítico y protagonistas excéntricos, pero avanza en entregas breves: un video, una publicación o una declaración

El apocalipsis, convertido en microdrama, mantiene abierta la pregunta sobre el próximo episodio