VICTORIA, Entre Ríos. El Puerto Paranacito se convirtió en el centro de una operación urgente para retirar ganado y pobladores de las islas entrerrianas ante el avance del agua en las cuencas del Paraná y el Uruguay
El movimiento comenzó hace varios días y combina barcazas, camiones, corrales y arreos. En la región se estimaba que todavía permanecían unos 30.000 animales, por lo que la prioridad de los productores es trasladarlos antes de que la crecida interrumpa las comunicaciones
Una cadena logística sin margen para detenerse
El puerto funciona sobre un antiguo canal de servicio utilizado para construir la traza de la ruta nacional 174. La infraestructura permite acortar los recorridos: una barcaza que antes necesitaba dos horas y media de ida y dos de regreso hasta el puerto de Victoria ahora completa el circuito en unos 40 minutos y puede realizar tres o cuatro viajes diarios
La coordinación entre camiones y embarcaciones es decisiva. La regla es que una barcaza no descarga si no hay un camión esperando en el muelle. Así se busca evitar la acumulación de animales en los corrales y reducir el riesgo de estrés, golpes, fracturas o ahogamientos
También se retiran los habitantes
La evacuación no alcanza únicamente al ganado. Algunos pobladores comenzaron a desmontar sus casas modulares para trasladarlas a tierra firme. En una de las barcazas, un productor llegó con su hacienda y con su vivienda móvil sobre la cubierta
En los humedales cercanos, los animales permanecen rodeados de agua y pastizales anegados. Reunirlos y llevarlos hasta los embarcaderos se vuelve cada vez más complejo, mientras la lluvia deteriora los caminos del continente y deja camiones encajados
Traslados que reducen la rentabilidad
En el Puerto San Lorenzo, a unos 40 kilómetros y cerca de Rosario, también se organizan descargas de ganado proveniente del sector insular. Un productor trasladó más de 100 animales y explicó que mover la hacienda de manera repentina implica pérdidas, aunque la prioridad es ponerla a salvo
Los costos de la evacuación afectan la rentabilidad de la actividad, incluso cuando los precios ganaderos ofrecen cierto alivio frente a los gastos operativos. Para los productores, la diferencia entre anticiparse y esperar se traduce en animales salvados, pérdidas económicas y horas de trabajo