Una cocina a leña recuperada de un puesto patagónico volvió a funcionar después de décadas. Pesa más de 100 kilos, está hecha de fundición y conserva la marca Istilart, la fábrica de Tres Arroyos que la produjo
Para restaurar una cocina número II, la empresa recomienda retirar el óxido con un cepillo de acero y aplicar una mezcla de medio litro de nafta, tres cucharadas de grafito, medio litro de barniz y medio litro de pintura negra. Si alguna pieza está dañada, puede reemplazarse con repuestos que todavía se fabrican
Un artefacto para el frío y el aislamiento
Las cocinas fueron diseñadas para soportar fríos intensos y trabajar en lugares sin acceso a la electricidad o al gas. El hierro fundido, su material principal, les permite resistir durante generaciones
Los modelos número 4, 5, 6 y 7 pesan entre 500 kilos y más de una tonelada. Históricamente fueron utilizados en cascos de estancia, hoteles rurales y grandes cocinas de campo, donde sirven para preparar pan, guisos, asados y dulces de leche a fuego lento
En puestos alejados de la Patagonia, una cocina de este tipo puede cumplir una doble función: permite cocinar y calienta un ambiente amplio en pocos minutos. En algunos hogares sin luz ni gas, también representa una alternativa frente a la dificultad de trasladar tubos de gas o utilizar artefactos eléctricos
De un taller agrícola a una producción vigente
La compañía fue fundada en 1898 por Juan Bautista Istilart, un inmigrante vasco-francés radicado en la Argentina. El emprendimiento comenzó como un taller de reparación de maquinaria agrícola
Durante su expansión, la fábrica llegó a ocupar más de 30.000 metros cuadrados cubiertos y empleó a más de 1000 trabajadores. Actualmente cuenta con 30 empleados y produce cocinas, estufas de fundición a leña de bajo consumo, equipos de calefacción, hornos, parrillas y mobiliario para exteriores
Javier Gallardo dirige la fábrica desde hace 38 años. La empresa combina procesos industriales con trabajo artesanal y vende unas 500 cocinas por año
Fundición y trabajo manual
Las cocinas se moldean a 1200 °C y están compuestas por entre 60 y 70 piezas elaboradas a mano mediante moldes. En la producción intervienen moldeadores formados en escuelas técnicas y armadores
El proceso mantiene conocimientos transmitidos durante décadas. La fabricación de cada unidad sostiene una tecnología pensada para durar y una función cotidiana que sigue vigente en zonas rurales y aisladas
En muchas casas de campo, el día comienza al encender la cocina y poner agua para el mate. En una olla de cobre también puede prepararse dulce de leche con cuatro litros de leche, un kilo de azúcar y una pequeña cantidad de bicarbonato, cocidos lentamente