Para muchas pequeñas y medianas empresas argentinas, las consultas que llegan desde ChatGPT dejaron de ser una rareza. Cada vez más clientes aparecen después de recibir una recomendación de un asistente de inteligencia artificial, sin que haya mediado una campaña publicitaria o una inversión en palabras clave
El uso de estas herramientas también se expandió entre los consumidores. Un estudio sobre hábitos de consumo señala que siete de cada diez argentinos ya recurren a la IA para informarse, estudiar o trabajar
Un canal que ya genera consultas
En ICLA Educación, su socio gerente, Fabián Nadal, afirma que aproximadamente tres de cada diez consultas que recibe la institución llegan desde ChatGPT. Para un sector en el que atraer alumnos resulta cada vez más costoso, el canal representa una fuente relevante de contactos sin pago directo
La empresa de limpieza Clean Up registra una situación similar. Su gerente, Sandra Honczar, cuenta que las consultas derivadas por ChatGPT llegan a diario y aumentan con el tiempo. Además, esos potenciales clientes suelen llegar con una valoración previa: consideran que la compañía es una de las mejores de su rubro porque fue seleccionada por la IA
La mayoría de los negocios queda afuera
La contracara de esa oportunidad es la dificultad para ser mencionado. Un análisis sobre visibilidad local, realizado sobre cerca de 350.000 sucursales pertenecientes a 2751 marcas, concluyó que ChatGPT recomienda apenas al 1,2% de los negocios cuando se solicita una opción
La diferencia con la búsqueda tradicional es amplia. En el bloque clásico de resultados de Google aparece el 35,9% de los comercios analizados. Perplexity alcanza el 7,4% y Gemini, el 11%
El mismo relevamiento detectó que sólo el 45% de las empresas que lideran las búsquedas locales convencionales también logra aparecer en las respuestas de los asistentes. En otras palabras, más de la mitad de los negocios bien posicionados en Google no tiene presencia visible para la inteligencia artificial
La reputación no se compra con una pauta
Por ahora, en la Argentina no existen espacios publicitarios para pagar una recomendación de estos sistemas. No hay una subasta de posiciones ni un ejecutivo de cuentas que garantice ser incluido en una respuesta
Los modelos construyen sus sugerencias a partir de la información disponible en Internet. Entre las fuentes que más pesan en las consultas locales aparecen Google Maps, los sitios oficiales de las empresas, Yelp, Facebook y plataformas especializadas en cada actividad
Las reseñas también cumplen un papel decisivo. El promedio de calificación de los negocios recomendados por ChatGPT llega a 4,3 estrellas. En este contexto, una reputación deficiente no sólo reduce la visibilidad: puede dejar a una empresa completamente fuera de la respuesta
GEO: la nueva capa de visibilidad
Este escenario impulsó el desarrollo del GEO, sigla en inglés de optimización para motores generativos. La disciplina busca que los contenidos sean interpretados, utilizados y recomendados por sistemas de inteligencia artificial
El GEO no reemplaza al SEO tradicional, sino que suma una nueva dimensión. Sus prácticas incluyen mantener consistentes el nombre, la dirección y el teléfono de una empresa en todos sus canales; responder preguntas concretas sobre precios, procesos y conveniencia; reunir reseñas auténticas de manera sostenida; y obtener menciones en sitios de terceros
De aparecer en una lista a ser elegido
Durante años, el marketing digital se concentró en comprar atención mediante avisos, clics, impresiones y alcance. Los asistentes de IA introducen otra lógica: no sólo muestran alternativas, sino que pueden seleccionar una y transferirle parte de su propia credibilidad
Por eso, los clientes derivados por una recomendación llegan con un nivel de confianza diferente. No necesariamente conocen la página web o las redes de la empresa; confían en el sistema que la nombró
El cambio resulta incómodo para muchas PyMEs, que todavía desconocen qué responde la inteligencia artificial cuando alguien consulta por su rubro. Al mismo tiempo, abre una posibilidad: ese lugar no se compra con un presupuesto mínimo ni depende de una agencia. Se construye con información ordenada, clientes satisfechos y una reputación positiva
La diferencia con el buscador tradicional es central. Google ofrece un conjunto de resultados para que el usuario decida. Un asistente de IA puede decidir antes y entregar directamente un nombre
Sin embargo, ninguna empresa tiene asegurada esa posición. Una mejora en la reputación de un competidor, nuevas reseñas o un cambio en los criterios del algoritmo pueden modificar la recomendación. La autoridad del sistema no pertenece a las marcas y su funcionamiento sigue siendo difícil de anticipar
La pregunta para los negocios ya no es sólo cómo ser encontrados, sino cómo convertirse en una opción recomendable. En un entorno donde la reputación empieza a ocupar el lugar de la inversión publicitaria, queda por resolver cuánto control pueden tener las empresas sobre un flujo de clientes condicionado por algoritmos opacos