La mora del crédito a personas se quintuplicó en los últimos 18 meses y se convirtió en una de las principales señales de alerta de la economía argentina. El deterioro es más fuerte fuera del sistema bancario, donde los atrasos de más de tres meses ya rozan un tercio del total en empresas fintech, tarjetas no bancarias y casas de electrodomésticos, entre otros prestadores

Más deuda, menos margen

El fenómeno aparece en un escenario de ajuste fiscal, menor inflación y mayor oferta de préstamos. La inflación anual bajó de un máximo de 289% a comienzos de 2024 al 34%, pero ese alivio convivió con una demanda creciente de financiamiento para cubrir gastos básicos y sostener el consumo

En los hogares, el pago de deudas con entidades financieras ya equivale al 24% de la masa salarial. Si se suman los gastos fijos, una familia promedio tiene comprometido casi la mitad de sus ingresos

Casos que ilustran la presión

Entre los ejemplos que reflejan esta tensión aparece el de un chofer de aplicación que tomó un préstamo de US$1300 para reparar su vehículo, pero dejó de pagarlo a los pocos meses porque sus ingresos no alcanzaban. Para seguir adelante, terminó recurriendo a otro crédito en el mercado informal, con una tasa del 300%

También se menciona el caso de una mujer de 24 años, analista en una empresa de ropa, que acumula una deuda de US$3300 en su tarjeta de crédito, con un interés del 132%, luego de haber gastado US$1600 el año pasado para alquilar una vivienda para ella y su hijo tras separarse de su pareja

El crédito como apuesta y como riesgo

El Gobierno sostiene que el problema responde a factores entre privados y lo vincula con el salto en las tasas de interés, en un año atravesado por las elecciones de 2025. Aun así, la administración mantiene al crédito privado como una herramienta central para impulsar el gasto y la actividad, mientras busca alternativas para expandir el mercado

La contradicción es evidente: la estabilización abrió espacio para prestar, pero la austeridad también empujó a más familias a endeudarse. En ese contexto, unas 5,8 millones de personas ya registran atrasos en sus pagos, casi un tercio del total de prestatarios

Otro dato que alimenta la preocupación es que casi dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar sin haber incrementado de forma extraordinaria sus obligaciones. Eso refuerza la idea de una pérdida de capacidad de pago más que de un simple exceso de endeudamiento

Las billeteras digitales, muy extendidas en el país, también quedaron bajo la lupa por su papel en la expansión del financiamiento al consumo y por el malestar que crece alrededor de la mora