Hay empresas que empiezan como un proyecto y terminan convertidas en una identidad familiar. Esa es la historia de Alfonso P. Monasterio, la consignataria creada en 1951 por Alfonso Pablo Monasterio, que hoy cumple 75 años con presencia en ganadería, granos, remates digitales y nuevos mercados
Alfonso Monasterio, tercera generación de la familia, resume ese recorrido como una obligación cotidiana: honrar lo que construyeron su abuelo y su padre. La empresa nació en Daireaux, después de que su fundador dejara atrás su etapa como representante de Adolfo Bullrich SA para organizar remates en localidades del oeste bonaerense como Pirovano, Bonifacio, La Larga y Arboledas
Un oficio hecho en la ruta
En aquellos años no había celulares ni herramientas digitales. Cada remate exigía semanas de preparación, presencia permanente en el territorio y viajes interminables. Monasterio recuerda que su abuelo podía pasar meses preparando una feria y recorrer cientos de kilómetros en un Ford Falcon, siempre con una disciplina de trabajo que marcó a la familia
La segunda generación, encabezada por Adalberto “Kuki” Monasterio, amplió la actividad y llevó el negocio a Buenos Aires. Más tarde, el ingreso al Mercado de Liniers terminó de consolidar el prestigio de la firma y abrió el camino para que Alfonso empezara a trabajar formalmente en la empresa a los 15 años
Aprender entre corrales y remates
Su formación fue tan práctica como intensa. Las jornadas empezaban de madrugada, con viajes a Mataderos y remates de contado que demandaban encerrar miles de cabezas a mano. Ese ritmo, dice, moldeó una cultura de esfuerzo que compartieron las tres generaciones
También hubo diferencias y discusiones. Alfonso admite que, siendo joven, chocaba con su padre por querer cambiar cosas. Con el tiempo, entendió que ese proceso formaba parte del aprendizaje y que cada generación había repetido, a su manera, la misma lógica de transmisión
Mucho de ese conocimiento llegó en viajes largos junto a su abuelo. En esas horas de ruta, entre historias y anécdotas, fue incorporando saberes que más tarde reconocería como decisivos para conducir la empresa
La apuesta por profesionalizar
Uno de los giros más importantes llegó cuando impulsó la incorporación del grupo chileno Tattersall como socio. La negociación llevó meses y no fue sencilla, pero terminó marcando un cambio de escala y de método: planificación, presupuestos, análisis de gestión y una forma más profesional de administrar el negocio
Esa apertura también trajo viajes de capacitación a Estados Unidos y una mirada más amplia sobre otros mercados ganaderos. Con el tiempo, la firma sumó un acopio de cereales en Daireaux, una decisión que al principio generó dudas dentro de la familia, pero que terminó consolidándose con tres plantas de acopio
Hoy la compañía también opera en comercialización de granos, hacienda, campos, caballos, activos y subastas por internet. En su trayectoria ya supera los 10.000 remates y cerca de 25 millones de cabezas comercializadas
Legado y presente
Otro hito que Monasterio destaca es la mudanza del histórico Mercado de Liniers al Mercado Agroganadero de Cañuelas, una transición que la firma acompañó junto con otras consignatarias durante cuatro años de trabajo
La muerte de su padre, el año pasado, reforzó en él la idea de que ese legado se transmitió sin manuales, a fuerza de convivencia, rutina y oficio. También lo convenció de que muchas de las herramientas para enfrentar la inestabilidad argentina no se aprenden en la universidad, sino en la calle y en la familia
Para Alfonso Monasterio, todo converge en una misma idea: el valor de la palabra como sostén del negocio. Y en esa síntesis ubica también el sentido de los 75 años de la firma que fundó su abuelo y que sigue expandiéndose hacia nuevas regiones del país
“Siento la obligación de honrar todos los días la empresa que fundó mi abuelo hace 75 años”, resume. Y agrega una definición que condensa la historia familiar: competir, para ellos, nunca fue solo una cuestión de mercado, sino una forma de vida