APÓSTOLES, Misiones.- Hace cuatro décadas, la familia Nahirñak quiso derribar un gran lapacho para plantar yerba mate. No lo logró. Años después, ese árbol terminó convertido en símbolo de una historia familiar que hoy tiene marca propia: Lapacho Rosa
El establecimiento San Nicolás primero trabajó como productor de yerba canchada para otras firmas. Con el tiempo, las hijas de Miguel Ángel y Olimpia, Valeria, Vanesa y Verónica, impulsaron el salto que faltaba: vender bajo su propio nombre
De productores a marca
La comercialización comenzó en enero de 2022, con ventas por canales digitales y presencia en comercios de la zona y de Capital Federal. La firma apuesta a un esquema de bajo volumen y alta calidad, con estacionamiento de 24 meses, el doble del habitual
Hoy elaboran entre 10.000 y 15.000 kilos por día en un molino ubicado en una zona de chacras, a unas 30 cuadras del centro de Apóstoles, en el corazón yerbatero de Misiones. Desde allí salen sus tres variedades: tradicional, despalada y una opción para tereré, en envases de 500 gramos
Valeria, la cara visible del emprendimiento, resume el cambio como un aprendizaje constante: ventas, trato con clientes, diseño de envases y toda la logística que exige competir en góndola. También destaca el del producto: elaboración artesanal, sin agroquímicos y con secado tradicional a cinta
La identidad visual también ayuda a diferenciarla. Rosa, celeste y amarillo pastel componen un envase poco habitual en el rubro y refuerzan el vínculo con el lapacho que dio origen al nombre
El caso se inscribe en una tendencia que gana espacio entre pequeños productores. En los últimos años crecieron las marcas propias, muchas veces impulsadas por cooperativas o por familias que pudieron invertir en secaderos y molinos. Hace un mes, Misiones lanzó una línea de créditos para que productores de hoja verde desarrollen sus propios sellos
El contexto económico explica parte de ese movimiento. La hoja verde se paga hoy en niveles muy bajos, lejos de los costos de producción estimados por la grilla del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Frente a ese escenario, el desafío para los productores es agregar valor y transformar la materia prima en un producto envasado con identidad propia