Hay quesos con limón, arándanos, menta, vainilla con canela, naranja glaceada, pistacho, chocolate, miel, nueces o whisky. También los hay con Malbec, fernet y frutas. Detrás de esa propuesta está Pablo Barrio, que convirtió la reinvención en un negocio propio y artesanal
Su producción parte de unos 5000 litros de leche por mes y se organiza según el sabor que quiere desarrollar. Barrio se define como un "alquimista de quesos" y trabaja tanto sobre recetas originales como sobre variedades clásicas intervenidas con nuevos ingredientes
De la radio y la televisión al campo
Antes de dedicarse a los quesos, Barrio estuvo ligado a la gastronomía desde la comunicación. De joven impulsó una radio, después fue convocado desde Mar del Plata y desde 2000 sumó un programa de cocina que lo llevó por la Argentina y otros países. Incluso cocinó en las Islas Malvinas. Ese recorrido le permitió construir vínculos que más tarde serían decisivos
Durante uno de esos viajes conoció Emmental, en Suiza, una referencia mundial en quesos. Años después, esos contactos y aprendizajes terminaron funcionando como base para su proyecto actual
La crisis que abrió otro camino
Con la pandemia se frenaron los viajes, la televisión y también su trabajo. En medio de esa situación, volvió a San Cayetano por un problema familiar y empezó casi desde cero con un pequeño local de productos regionales. Más tarde se mudó a Tres Arroyos, donde relocalizó Pueblito Mío, un almacén de campo que combina lo tradicional con sabores innovadores
Este fin de semana abrirá una franquicia en Mar del Plata y además cuenta con distintos puntos de venta en la provincia de Buenos Aires
"Era un momento personal muy difícil: o me deprimía o hacía algo creativo", resume. Entonces comenzó a fabricar quesos e intervenir productos elaborados por terceros para su emprendimiento
Sabores que sorprendieron al mercado
Su apuesta buscó diferenciarse dentro del universo de los regionales. Primero trabajó con salames y quesos con pistacho, cítricos y cacao. Después llegó el queso de frutilla. La prueba inicial fue de 1000 litros de leche, que derivaron en unos 40 quesos de 3,5 kilos. Se agotaron en dos semanas
Las redes sociales ampliaron el alcance del emprendimiento. Barrio cuenta que recibió llamados insólitos, entre ellos uno desde una base militar de Estados Unidos y luego desde Oceanía. Desde entonces, siguió probando sabores en tandas de 1000 litros, sin desperdiciar producción
Una fábrica pequeña con proyección global
Hoy experimenta con sardos, Gouda y Holanda, además de un reggiano de 12 meses con whisky. También hizo versiones con Malbec y con fernet, desarrollada para Los Caligaris. Una de sus últimas creaciones suma durazno y trocitos de orejones
La lista incluye quesos azules con oliva y albahaca, cerezas al marrasquino, arándanos y avellanas, cacao, nuez y whisky, miel y nuez, pistacho y chocolate. Dueños de restaurantes de Italia probaron sus productos, se llevaron algunos y luego enviaron videos usándolos en sus cocinas
Además, envía ediciones especiales a artistas como Guillermo Francella, Valeria Lynch y David Lebón. Barrio asegura que recibe llamados de distintos puntos del mundo para exportar, aunque por ahora prefiere seguir consolidando el camino. Su emprendimiento funciona con tres personas y, según dice, su principal vidriera sigue siendo internet