Un mercado más favorable
Con más de 40 años de mejora continua en el país y una participación de mercado del 63%, Advanta reunió a técnicos y especialistas para analizar el momento del sorgo y su potencial de crecimiento
El panorama internacional aparece ajustado: se espera una caída del 30% en la producción de Estados Unidos y del 16% en Australia por efectos climáticos. En ese contexto, la Argentina podría aumentar su producción y sus saldos exportables, con China como destino central de casi el 95% de los embarques locales
Ese escenario, sumado a precios firmes y muy ligados a los del maíz, refuerza la idea de que el sorgo puede ubicarse como una alternativa competitiva dentro de los esquemas productivos nacionales
La brecha productiva y el foco genético
En el plano técnico, se destacó que la ganancia genética del sorgo promedia 38,5 kilos por hectárea por año en las últimas décadas. Aun así, la distancia entre el potencial y el rendimiento logrado a campo sigue siendo alta y se ubica entre el 60% y el 70%
Para reducir esa brecha, la investigación avanza sobre tolerancia al pulgón amarillo, resistencia a herbicidas y tecnología BMR, una herramienta clave para bajar el contenido de lignina y mejorar la digestibilidad de la fibra
Una opción para la lechería
También se puso el foco en los sistemas lecheros, donde los costos operativos crecen al 5% anual y la intensificación exige más carga animal con reservas forrajeras eficientes
Si bien el silaje de maíz sigue liderando las dietas, el sorgo BMR puede rendir hasta 35.000 kilos de materia verde por hectárea en ambientes donde el maíz enfrenta alto riesgo. Eso lo convierte en una herramienta útil para diversificar riesgos, estabilizar la rotación y reducir el costo de producción de materia seca
Digestibilidad y uso del agua
Juan Manuel Piñeiro, de la Universidad Texas A&M, planteó que el sorgo debe entenderse como un cultivo de uso permanente en sistemas de alta producción. Explicó que la sequía severa y la degradación de acuíferos como el de Ogallala, en Estados Unidos, redujeron fuertemente las áreas de riego destinadas al maíz silero y empujaron la adopción de cultivos más eficientes en el uso del agua
El especialista advirtió que el principal desafío del sorgo sigue siendo la digestibilidad de su almidón, encerrado por prolaminas que dificultan su degradación en el rumen. Cuando eso ocurre, parte del almidón no se aprovecha y termina perdiéndose en la materia fecal
Según los estudios presentados, mejorar la degradación ruminal es la clave para aumentar la conversión en leche y evitar pérdidas de energía en el comedero
Procesamiento específico y validación local
Para resolver esa barrera, Lyndon Luckasson, ingeniero de Scherer Inc., presentó una tecnología diseñada para granos pequeños. Recordó que, tras la sequía extrema de 2011 en Texas, advirtieron que los equipos pensados para maíz no lograban quebrar bien el sorgo por la diferencia de tamaño entre ambos granos
Después de una década de desarrollo, la empresa creó un procesador específico de alta duración que quiebra más del 98% del grano. Con ese procesamiento en la ventana de pastoso tardío a duro temprano, la digestibilidad ruminal del almidón pasa de un rango inicial de 25% a 35% a otro de 60% a 74%, muy cerca de los valores históricos del maíz
Luckasson señaló además que esa mejora ya mostró caídas reales del almidón fecal en tambos comerciales de alta producción. La inversión adicional ronda los 2,5 dólares por tonelada y puede generar un retorno de entre 2 y 3 dólares por cada dólar invertido
En la Argentina, tras la compra reciente de este tipo de procesador por parte de una empresa norteamericana de maquinaria para ensilaje, ya se proyectan ensayos con el INTA Rafaela. La idea es usar microsilos y medir con precisión la digestibilidad ruminal del almidón en animales canulados