A los 83 años, Ana María Castel vuelve a escena con doble estreno. El viernes 4 de septiembre retoma La tortuga de Darwin y el sábado 12 se suma a Hotel Julio César, en El método Kairós

La actriz asegura que disfruta cambiar de personaje y sostener más de un trabajo a la vez. Ya lo había hecho en otras etapas de su carrera, cuando llegó a alternar varias obras con grabaciones de televisión

Del teatro independiente a un llamado decisivo

Castel comenzó a estudiar actuación a los 20 años con Juan Carlos Gené y al poco tiempo ya trabajaba. Venía del teatro independiente cuando Alfredo Alcón la vio en una función y, poco después, la convocó para interpretar a su esposa en La muerte de un viajante

Ese salto la impulsó a una carrera extensa en el escenario, con títulos como Boda Blanca, El águila de dos cabezas y Un tranvía llamado deseo

La televisión y un personaje que la marcó

Con el tiempo también se abrió paso en la televisión, aunque al principio tenía reparos sobre ese medio. Su primer acercamiento fue un ciclo de teatro en Canal 7, y más tarde se alejó durante una década para dedicarse a criar a sus dos hijos

Cuando regresó, lo hizo con una participación breve en Celeste siempre Celeste. Allí llamó la atención de Nicolás del Boca, quien después la volvió a convocar para Antonella. Más tarde también pasó por Nano, donde guarda recuerdos entrañables de trabajo y camaradería

Una carrera larga, una vida elegida

Castel contó que estudió Sociología antes de decidirse por la actuación. También recordó que la lectura fue central en su infancia y que el interés por el teatro apareció casi por sorpresa, a partir de una clase sobre el método de Stanislavsky

Entre sus trabajos que más disfrutó mencionó Casa Natal, La mujer del Cholo y Amor sagrado. También señaló que, con los años, le tocó interpretar algunos personajes “malos”, algo que hoy disfruta especialmente

Una historia compartida desde 1977

Fuera del escenario, Castel celebró 50 años de casada con Martín Siccardi, director de fotografía. Se conocieron después de una función y el vínculo avanzó con rapidez. Ambos venían de matrimonios anteriores y construyeron juntos una vida familiar que la actriz recuerda como un punto de felicidad sostenida

Entre el presente y la memoria, Castel sigue trabajando con la misma convicción: la de entrar y salir de un personaje sin dejar de habitar la escena