Frente al lago Nahuel Huapi, a pocos kilómetros de Villa La Angostura y sobre la Ruta de los Siete Lagos, Las Balsas aparece entre árboles nativos como una casa azul casi escondida en el bosque. El entorno domina la escena: agua quieta, cordillera y una escala íntima que vuelve difícil pensar el lugar solo como un hotel

Sebastián Tuvio, su gerente general, lo define como una experiencia donde conviven servicio, gastronomía, naturaleza y una elegancia discreta. Su idea central resume el espíritu de la propiedad: estar cerca sin ocupar demasiado espacio

Una casa frente al lago

El hotel abrió en 1988 con diez habitaciones y una premisa que todavía se mantiene: que cada espacio tuviera una relación privilegiada con el lago. Esa lógica sigue intacta casi cuatro décadas después

La casa principal conserva sus habitaciones y, desde 2024, sumó diez Lakeview Villas de 120 metros cuadrados, independientes y ocultas entre coihues, pinos y lengas. Se accede por senderos de madera y piedra. Adentro, los ventanales llevan el paisaje hasta el interior; afuera, las terrazas privadas invitan a mirar el lago sin interrupciones

La arquitectura acompaña sin competir. En un entorno donde el paisaje ya lo dice todo, el diseño se retira para dejar que el bosque y el agua ocupen el centro

Bienestar sin exceso

La experiencia puede empezar con un desayuno a la carta y seguir varias horas después frente al mismo horizonte. En el medio está el Wellness Center, con pileta climatizada que se extiende del interior al exterior, sauna, jacuzzi, duchas escocesas, gimnasio, salas de masajes y espacio de relajación

También ofrece tratamientos, yoga, meditación y tai chi a medida. La lógica es la misma que gobierna el resto del hotel: no imponerse sobre lo que sucede afuera. El entorno no es un decorado, sino parte activa de la propuesta

Después pueden venir una caminata por el bosque, una salida desde el muelle o una tarde en la terraza. El plan no exige llenar la agenda; de hecho, el encanto parece estar en dejar que el tiempo avance sin apuro

Patagonia servida en la mesa

En el restaurante, el paisaje vuelve a entrar en escena. La cocina de estación contemporánea está a cargo del chef Duvan Ochoa Zuluaga y trabaja a partir de productos regionales para construir una propuesta propia. Hay almuerzo, cena, menú de tres pasos y platos de degustación, además de cava y servicio de sommelier

Más allá de la carta, el proyecto busca reflejar una Patagonia que no se expresa solo en sus vistas, sino también en quienes producen sus alimentos. La relación con proveedores locales y con ingredientes de la región forma parte de la identidad del hotel

Incluso los detalles mínimos siguen esa idea. El llavero de la habitación, por ejemplo, está hecho por un artista local. En Las Balsas, la experiencia patagónica también está en los objetos cotidianos, en lo que se toca y en lo que se comparte

Vinos para recorrer el país

La propuesta enológica amplía esa mirada. La cava reúne etiquetas de distintos puntos del país, con un foco especial en proyectos patagónicos y productores familiares de fuerte identidad

Entre ellos ocupa un lugar destacado Mendel, la bodega de los dueños del hotel, con Roberto de la Mota como enólogo. La selección busca acercar a los huéspedes a vinos que también cuentan de dónde vienen

Daniela Scigliano, jefa de salón y sommelier, conduce las catas y trabaja allí desde hace una década. Su objetivo es que la experiencia sea accesible y cercana: perderle el miedo al protocolo del vino, disfrutar la copa y conectar con el productor detrás de la etiqueta

La cava termina funcionando como una pequeña geografía argentina servida en copas, una forma de viajar sin moverse de la mesa

Habitar el entorno

Las Balsas fue el primer hotel de Relais & Châteaux en Latinoamérica y, desde 2021, el primero de esa colección en el mundo en obtener la certificación B Corp, además de ser el primero de la Argentina en recibirla

La propiedad está dentro de una reserva natural privada de 15 hectáreas y organiza su operación con una mirada de sustentabilidad y cuidado del entorno. La pregunta no es solo cómo conservar el paisaje, sino cómo habitarlo

Después de unos días, el hotel puede dejar de sentirse como un destino y empezar a parecer una casa: el café de la mañana, el fuego al caer la tarde, una mesa lista para quedarse un rato más y el lago siempre al fondo

Ahí reside su singularidad. En una presencia atenta, precisa y silenciosa, capaz de acompañar sin invadir y de dejar que el Nahuel Huapi haga lo que mejor sabe: recordar que hay paisajes que solo necesitan tiempo para ser mirados