Donald Robertson sostiene que la filosofía puede servir como una herramienta concreta para vivir mejor. Psicoterapeuta cognitivo conductual, escritor y divulgador, acaba de publicar Piensa como un filósofo griego, un libro que reconstruye la figura de Sócrates con base histórica y filosófica, lejos de cualquier fórmula de autoayuda

Una infancia dura y un giro decisivo

Nacido hace 52 años en Ayr, Escocia, Robertson creció cerca del bosque Castlehill Wood y jugaba de niño entre las ruinas del castillo Greenan, frente al mar. Pero su infancia estuvo lejos de ser sencilla: sufrió castigos corporales en la escuela, recibió maltrato en casa y atravesó la enfermedad de su padre, un cuadro que alimentó su ira durante años

Según cuenta, la filosofía le ofreció dirección en un momento de desorden personal. Le ayudó a controlar el estrés y la ansiedad social, y también le dio herramientas para acompañar a otras personas. Después de encontrar libros de filosofía en la biblioteca familiar, ligados a la masonería, comenzó a leer con mayor interés y terminó graduándose en filosofía en la Universidad de Aberdeen

Sócrates como método, no como eslogan

Para Robertson, el valor de Sócrates no está en una colección de respuestas, sino en una manera de preguntar. Ese método invita a examinar supuestos, definir con precisión ideas como justicia, amistad o sabiduría, y revisar creencias sobre el propósito de la vida y la realización personal

En esa línea, recupera una de las frases más conocidas del filósofo: “la vida no examinada no vale la pena vivirla”. También subraya que, ante la muerte o el dolor, muchas personas reordenan sus prioridades y comprenden que el prestigio o la riqueza suelen pesar menos de lo que imaginaban

Libertad frente al ruido público

Robertson advierte que hoy abundan discursos que empujan a valorar mal las cosas: celebridad, consumo, materialismo y placer inmediato. A su juicio, las redes sociales amplifican emociones como ira, miedo y codicia, mientras la política y la tecnología pueden combinarse para manipular a la audiencia

Su respuesta es volver al pensamiento crítico. Filosofar, dice, es aprender a hacerse preguntas correctas, recorrer el propio camino y no dejar que otros piensen por uno. Esa práctica, sostiene, no promete una vida fácil, pero sí más libertad y una idea más profunda de felicidad, entendida como plenitud o florecimiento

El estoicismo y la ira

El autor también vincula a Sócrates con el estoicismo y con la terapia cognitiva moderna. Recuerda que el interés por esa tradición creció a partir de la llamada revolución cognitiva en psicoterapia y que volvió a ganar impulso con la cultura popular y la lectura de Marco Aurelio

Entre las lecturas que recomienda figuran Apología de Sócrates, de Platón; Manual, de Epicteto, y Sobre la ira, de Séneca. Sobre ese último tema, insiste en que la ira es una emoción peligrosa y muchas veces ignorada, capaz de alimentar conflictos, violencia y destrucción. Por eso considera que confrontarla de frente puede ser un paso decisivo para la superación personal