Un estudio reciente realizado por investigadores de la Saint Louis University, en Estados Unidos, ofrece una explicación al aumento de diagnósticos de trastorno del espectro autista (TEA): hoy se detectan más casos en mujeres y niñas que antes quedaban fuera de las evaluaciones

Durante años, el autismo fue asociado sobre todo con varones. Ese enfoque dejó fuera a muchas niñas, adolescentes y mujeres, que en algunos casos recibieron primero otras etiquetas clínicas antes de que se reconociera el TEA

Más detección, no necesariamente más casos

La investigación, publicada en JAMA Network Open, muestra que los diagnósticos en hombres se mantuvieron estables o con una leve baja, mientras que en mujeres hubo un incremento. Para los autores, esto no implica por sí solo que haya más personas autistas que antes, sino una mejor capacidad del sistema de salud para identificar presentaciones que antes pasaban inadvertidas

El autismo puede expresarse de manera distinta según cada persona. Las señales clásicamente vinculadas al diagnóstico, como dificultades en la interacción social, intereses muy restringidos o conductas repetitivas, se definieron en gran medida a partir de estudios en varones. Por eso, pueden no alcanzar para reconocer a niñas y mujeres con manifestaciones diferentes o con estrategias para ocultar sus dificultades

Diagnósticos más tardíos en mujeres

El equipo encabezado por Erick Messias, de la Facultad de Medicina de la Saint Louis University, analizó registros médicos electrónicos de 171.134 pacientes atendidos de forma continua entre 2016 y 2024 en un sistema de salud del Medio Oeste estadounidense

Uno de los hallazgos centrales fue la edad al momento del diagnóstico. En promedio, las mujeres fueron diagnosticadas a los 15,7 años, mientras que en los hombres la media fue de 12,3 años. La diferencia fue de 3,4 años

Ese retraso puede estar relacionado con el hecho de que muchas herramientas de detección fueron pensadas para la primera infancia. En paralelo, algunas niñas y adolescentes desarrollan conductas de adaptación social, imitan patrones de convivencia o disimulan lo que les cuesta. A eso suele llamarse “camuflaje social”

Ese mecanismo no elimina las dificultades. Una persona puede parecer integrada en la escuela, en el trabajo o en ámbitos sociales, pero vivir esas situaciones con un esfuerzo alto, ansiedad o agotamiento. Cuando esas señales no se asocian con el TEA, también pueden aparecer diagnósticos como ansiedad, depresión o trastornos de conducta

La pandemia y el cambio en la clasificación

El estudio encontró un quiebre en la tendencia a partir de 2020, en el contexto de la pandemia de COVID-19. Hubo alteraciones en las consultas, en las evaluaciones y en el acceso a tratamientos, pero el aumento de diagnósticos femeninos no se limitó a ese período: la tendencia siguió en los años posteriores

El trabajo también registró la caída progresiva del diagnóstico de síndrome de Asperger en los registros médicos. Ese nombre dejó de figurar en los principales manuales diagnósticos en 2013, cuando pasó a integrarse dentro de la categoría más amplia de TEA. Con el tiempo, los profesionales fueron sustituyendo ese código por la denominación unificada del espectro

Ese cambio busca evitar diferencias administrativas que pueden complicar el acceso a apoyos escolares, tratamientos o servicios de salud mental. Aun así, el diagnóstico dentro del espectro no implica las mismas necesidades para todas las personas, por lo que cada caso requiere una evaluación individual

Una detección más amplia y menos sesgada

La conversación sobre neurodiversidad creció en los últimos años y eso ayudó a que más adultos se reconozcan en experiencias propias y busquen evaluación especializada. En mujeres adultas, ese fenómeno aparece con especial fuerza

Para muchas de ellas, una confirmación tardía ayuda a ordenar vivencias de la infancia, la adolescencia o la vida laboral que antes no tenían explicación. Los autores del estudio sostienen que el sistema sanitario debe ampliar sus estrategias de detección y dejar de pensar el autismo solo como una condición de la infancia o ligada de manera automática a los varones

También remarcan que los profesionales necesitan herramientas capaces de reconocer distintas formas de presentación según la edad, el género y la historia personal de cada paciente