Antonio Grimau murió este martes, a los 82 años. Actor emblemático de teatro, cine y televisión, sostenía que mantenerse activo era una forma de no oxidarse. Hasta sus últimos meses continuó vinculado al escenario y celebraba su participación en Vamo’ los pibes, obra estrenada el 2 de enero en el Multiteatro junto con Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro
El escenario como punto de encuentro
Grimau valoraba especialmente trabajar con amigos. En la obra interpretaba a un hombre tierno, leal y noble, con rasgos que reconocía como propios. A diferencia del personaje de Laport, que lideraba al grupo, se describía como alguien que prefería esperar, observar y meditar antes de tomar una decisión
La historia de cuatro amigos a lo largo de la vida también le recordaba a Aníbal, a quien conoció cuando ambos tenían 15 años y trabajaban como aprendices en una fábrica de zapatos. Desde entonces compartieron alegrías, dificultades y una amistad que se mantuvo durante toda la vida
Su regreso a una temporada de verano en Buenos Aires se produjo después de varios años. Antes había participado en Hello, Dolly! y en Rotos de amor, obra con la que realizó funciones en Carlos Paz y Mar del Plata. El elenco fue uno de los primeros en retomar la actividad después de la pandemia, bajo protocolos estrictos
Una recuperación marcada por el esfuerzo
Durante la pandemia tuvo covid en varias oportunidades. En una de ellas permaneció internado durante más de un mes, perdió 22 kilos y sufrió una importante disminución de masa muscular. Llegó a preguntarse si volvería a caminar
Una kinesióloga fue decisiva para sostenerlo anímicamente durante la recuperación. El proceso comenzó con movimientos mínimos: levantar una pierna, luego la otra, incorporarse y caminar hacia adelante y hacia atrás. Grimau describía esa etapa como volver a aprender a caminar
Su experiencia previa en el deporte también fue importante. Había practicado boxeo, rugby, fútbol y natación, además de haber entrenado durante años con un equipo de actores que disputaba partidos a beneficio. Según recordaba, durante cinco años se sintió más futbolista que actor
La pintura y otras formas de expresión
Cuando la actividad teatral se detuvo, volvió a una pasión que siempre había estado presente: la pintura. Comenzó a producir con mayor intensidad durante la pandemia, después de haberse acercado a unas clases de arte en Recoleta y de descubrir, casi por casualidad, el entusiasmo que le provocaba mezclar colores
Más adelante tomó clases en Bellas Artes y estudió con distintos maestros, entre ellos Luis Álvarez. Sin embargo, cuando regresó al teatro, la actuación volvió a ocupar el centro de su tiempo
El descubrimiento de una vocación
Grimau creció en una familia humilde. A los 11 años perdió a su hermana mayor, a su padre y a su madre en un período de apenas siete meses. Su hermano se convirtió en su tutor y él debió comenzar a trabajar después de abandonar sus estudios industriales
Pasó por un bazar, una fábrica de fideos, trabajos de construcción y una fábrica de zapatos en Barracas. Allí descubrió un aviso en el que se buscaban actores para formar un elenco teatral en un club deportivo de Almagro
Entró a aquel espacio acompañado por su amigo Pepe Elizalde y permaneció cuatro años. En el primer ensayo le dieron un monólogo para aprender en media hora. Al subir al escenario sintió una naturalidad que lo convenció de que había encontrado su lugar
El teatro también estuvo presente en algunos de sus momentos más dolorosos. Tras la muerte de su hijo Lucas, ocurrida en 2010, decidió continuar con una función de El anatomista luego de tomarse una semana. Explicaba que necesitaba refugiarse en el trabajo, no por el espectáculo, sino por él mismo
Una decisión: no retirarse
Grimau no pensaba en el retiro. Le preocupaban la parálisis física y mental, y sostenía que cada propuesta artística era una oportunidad para seguir adelante. En sus últimos años participó en Déjame amarte y en Cafetín de tango, donde interpretó a Julio Sosa
“Lo mío es tener salud y fuerzas para seguir porque personajes hay”, decía. Para él, mantenerse en movimiento era una manera de valorar la posibilidad de respirar, caminar y continuar creando