Jenny Martínez quedó en la memoria de una generación por su papel de Venecia Buker en Aliados, la ficción juvenil creada por Cris Morena que se emitió entre 2013 y 2014. En la serie compartió elenco con Peter Lanzani, Oriana Sabatini, Agustín Bernasconi y Julián Serrano, entre otros
Su personaje era un alma proveniente de planos superiores que llegaba a la Tierra para aprender a sentir como humana y ayudar a sanar heridas. Con sus rulos y sus ojos expresivos, Martínez alcanzó una rápida popularidad
El costo de la exposición
El éxito, sin embargo, también tuvo un lado difícil. La actriz recordó que el nivel de exigencia durante las grabaciones era muy alto y que sentía que todo debía salir perfecto
“Volvía de los ensayos llorando, pensando que no era suficiente”, contó. La presión transformó una actividad que disfrutaba en una fuente de angustia
A esa exigencia se sumó la pérdida de privacidad. Ir a un shopping, hacer una fila o salir con sus amigas podía resultarle incómodo. Según explicó, llegó a sentir claustrofobia y temor de que su presencia afectara a quienes la acompañaban. Sus amigas, en cambio, fueron un apoyo constante y se ocupaban de protegerla
Una carrera artística que quedó en pausa
Después de Aliados, Martínez participó en la obra El club del hit y condujo el ciclo de entrevistas Fans en Vivo junto a Coco Maggio y Micaela Vázquez. Permaneció en ese programa hasta 2016
En 2017 regresó a la ficción como antagonista principal de Divina, está en tu corazón, protagonizada por Laura Esquivel. También continuó con sus clases de actuación, aunque no completó el último año debido al nivel de exigencia
Con el tiempo comenzó a preguntarse si la actuación era realmente su pasión. La terapia la ayudó a tomar distancia y a revisar una elección que durante años había considerado central en su vida
La psicología, una vocación anterior a la fama
Desde la secundaria, Martínez quería estudiar psicología. Cuando empezó a audicionar para Aliados, acababa de iniciar la carrera y decidió combinar los estudios con las grabaciones, que incluían jornadas intensas y ensayos teatrales
El ritmo de trabajo la llevó a reducir la cantidad de materias, pero nunca abandonó por completo la carrera. Finalmente, completó sus estudios en siete años, con una tesis y pasantías durante la etapa más exigente
Al principio imaginaba que sería psicóloga forense, en parte por su interés en los documentales de criminalística. Más tarde descubrió que quería trabajar con niños, adolescentes y jóvenes adultos
Desde 2019 ejerce como psicóloga. Durante varios años le costó comenzar a atender, pero logró incorporarse de manera progresiva a la profesión
El consultorio, la música y una mudanza
Mientras se consolidaba como terapeuta, Martínez encontró en la música un espacio de disfrute. Desde hace casi tres años integra Los Netars, proyecto con el que se presenta en bares y lanzó canciones propias
Su pasado televisivo todavía aparece ocasionalmente en el consultorio. Algunos pacientes de entre 20 y 30 años la reconocen por haberla visto en pantalla, y en ciertos casos se contactaron con ella a través de Instagram para comenzar terapia
Actualmente trabaja con un esquema híbrido, aunque en diciembre se mudará a Bariloche junto a su novio, con quien mantiene una relación desde hace dos años. Por ese motivo, planea llevar su agenda al formato virtual, especialmente con adolescentes y jóvenes
La modalidad será, al menos, una solución para el primer año. Martínez también cursa un posgrado en Buenos Aires y deberá viajar una vez por mes, por lo que la atención a distancia le permitirá organizar mejor sus tiempos. Más adelante, no descarta retomar el trabajo presencial
Volver, pero bajo sus propias condiciones
Aunque hoy la psicología ocupa el centro de su vida profesional, Martínez no renunció al escenario. Continúa vinculada con la música y tampoco descarta volver a actuar
La diferencia es que ahora busca elegir proyectos que le produzcan entusiasmo y placer, sin quedar atrapada nuevamente en una dinámica marcada por la presión. La televisión, por el momento, le parece un desafío demasiado exigente, pero no cierra la puerta a una propuesta que respete sus tiempos y sus prioridades