Leonardo DiCaprio compró en 2005 Blackadore Caye, una isla deshabitada ubicada frente a la costa de Belice. Pagó US$1,75 millones después de conocer el lugar durante un viaje de vacaciones y describirlo como un auténtico paraíso
La intención del actor no se limitó a una inversión inmobiliaria. Su objetivo fue impulsar una restauración integral de un ecosistema afectado por la sobrepesca, la erosión y la pérdida de manglares
Un complejo turístico con criterios ambientales
Diez años después de la adquisición, DiCaprio presentó el proyecto Blackadore Caye, a Restorative Island. La propuesta contempla un complejo turístico de lujo con estrictas normas ambientales
El diseño, encabezado por el arquitecto Jason McLennan, incluye 68 villas, 48 casas y una reserva natural que ocuparía casi la mitad de la superficie de la isla
El plan busca alcanzar el estándar Living Building Challenge mediante sistemas de autosuficiencia energética e hídrica. Además, las construcciones se levantarían sobre plataformas para proteger el fondo marino y facilitar la conservación de distintas especies
“El objetivo principal es hacer algo que cambie el mundo”, afirmó DiCaprio al referirse a la iniciativa
La propuesta también incorpora programas de bienestar asociados al Centro Deepak Chopra y establece la prohibición del uso de plásticos dentro de la propiedad. La empresa Delos, dirigida por Paul Scialla, está a cargo del desarrollo inmobiliario
Demoras y rechazo de la comunidad
Los impulsores del emprendimiento prometen recuperar los manglares y proteger a los manatíes, considerados especies relevantes para la biodiversidad regional. Sin embargo, el proyecto acumula demoras y cuestionamientos desde su anuncio
Organizaciones ambientalistas y pescadores locales expresaron dudas sobre el impacto de las obras en ecosistemas frágiles. También denunciaron restricciones para acceder a las aguas cercanas, lo que generó conflictos con los habitantes de la zona
Algunos críticos consideran que la sostenibilidad plena resulta difícil de alcanzar en un complejo turístico de estas características, debido al transporte necesario para llegar hasta la isla
La resistencia local provocó modificaciones en los planos iniciales: se eliminó una pista de aterrizaje y se descartaron estructuras sobre el agua
El entonces primer ministro de Belice, Dean Barrow, respaldó la iniciativa por su posible aporte económico y la generación de puestos de trabajo
La transformación de Blackadore Caye aún no está terminada. El proyecto continúa atravesado por la tensión entre la ambición ecológica, el turismo de lujo y los reclamos de los pobladores que poseen derechos tradicionales de pesca en el área protegida