Eugenio Zanetti murió de manera inesperada a causa de un infarto, pocos días antes de que el Teatro Colón repusiera su versión de Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach. Tenía 79 años
La institución había anunciado que volvería a presentar la puesta estrenada en 2019, obra en la que el artista trabajaba durante sus últimos días. Su vínculo con el Colón había comenzado en 2011, con The Servant, y continuó con las direcciones escénicas de Don Carlo, en 2015, y Fidelio, en 2016
Una formación entre la pintura, el teatro y el cine
Nacido en Córdoba el 19 de octubre de 1946, Zanetti creció en una familia de intelectuales vinculada con la Reforma Universitaria de 1918. Su padre lo acercó al taller de Lino Enea Spilimbergo y al Cine Club Sombras, dos espacios que marcaron su sensibilidad artística
En 1964 comenzó a estudiar arquitectura y se integró a la escena independiente cordobesa. Poco después viajó a Europa y presenció el Mayo Francés. También pasó por Afganistán, una experiencia que luego trasladó a una versión teatral de Medea realizada en Roma
Ese trabajo llamó la atención de Pier Paolo Pasolini, quien lo convocó para integrar el departamento de arte de su película Medea, bajo la dirección de Dante Ferretti. Durante ese período conoció a María Callas y asistió al rodaje de Satiricón, de Federico Fellini
Tras recorrer París y Nueva York, regresó a la Argentina en 1971, luego de la muerte de su padre. Desde entonces diseñó puestas para obras de Alberto Ure, Rodolfo Graziano, Agustín Alezzo, Hedy Crilla, Hugo Urquijo y Emilio Alfaro. También participó en montajes como Drácula, dirigido por Sergio Renán, y Están tocando nuestra canción
El salto internacional y el premio Oscar
Entre 1979 y 1980 comenzó a trabajar en el cine argentino con El poder de las tinieblas, de Mario Sábato, y Los pasajeros del jardín, de Alejandro Doria. La censura de aquellos años lo llevó a instalarse en Estados Unidos, donde inició una carrera ascendente
Su llegada a Hollywood incluyó trabajos en Sin vía de escape, La tierra prometida y Some Girls. Durante la década de 1990 participó en películas como Línea mortal y El último gran héroe, hasta alcanzar el reconocimiento máximo con Restauración, de Michael Hoffman
Por esa película recibió el Oscar a la mejor dirección de arte en 1996. La producción le permitió crear una atmósfera dominada por el agua, una imagen que asociaba con el movimiento de la vida y con la posibilidad de construir mundos aun con recursos limitados
También fue convocado para Más allá de los sueños, dirigida por Vincent Ward y protagonizada por Robin Williams, trabajo que le valió una nueva nominación. Más adelante colaboró con Jan de Bont, Alfonso Arau y Roland Joffé, entre otros realizadores
Una mirada sobre lo visible y lo imaginario
La obra de Zanetti estuvo atravesada por el interés en la relación entre realidad y fantasía, vida y muerte. Sus lecturas del sufismo y su curiosidad por la filosofía y la ciencia alimentaron una visión artística que no aceptaba fronteras rígidas entre disciplinas
En 2014 dirigió Amapola, una película de elenco internacional en la que exploró la idea de un tiempo no lineal. Paralelamente, presentó muestras sobre su vínculo con el cine, entre ellas Film Dreams and Haunting Visions, exhibida en espacios vinculados con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood
En Buenos Aires continuó trabajando para el teatro y la ópera. A lo largo de su carrera recibió la Medalla Ives Lavette del Salón de Montreal, una Mención de Honor en el Festival de Moscú y el premio a la mejor dirección de arte en el Festival de Toronto. También obtuvo los premios Trinidad Guevara, Florencio Sánchez, ACE, Estrella de Mar y María Guerrero
Zanetti evitaba las definiciones cerradas y prefería que su trabajo hablara por él. Su trayectoria, desplegada entre escenarios, lienzos y sets de filmación, dejó una obra singular: un legado en el que la imaginación fue siempre una forma de comprender la realidad
El próximo reestreno de Los cuentos de Hoffmann en el Teatro Colón será, además, una despedida. Allí volverá a aparecer su universo visual, convertido en la última forma de aplauso para un creador que hizo de la libertad su principal lenguaje