Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig, llega al teatro en una versión adaptada por Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz, con dirección de este último, y confirma la potencia escénica de un texto atravesado por la memoria, el exilio y la palabra

La obra, que transcurre en Nueva York, se apoya en el vínculo entre Ramírez, un hombre de 74 años con afasia y movilidad reducida, y Larry, un joven exprofesor de historia que trabaja como su asistente. Lo que empieza como una relación funcional se vuelve, poco a poco, un intercambio cargado de revelaciones y tensiones

Una novela hecha para el teatro

La adaptación respeta el nervio del original y concentra la atención en aquello que Puig coloca en primer plano: el uso preciso del lenguaje, los recuerdos que se borran o deforman y la dificultad de habitar un presente marcado por la soledad y la herencia política

En ese cruce, la puesta recupera el carácter particular de la novela y lo traduce a una escena donde cada palabra pesa. El conflicto avanza a partir de pequeños hallazgos, marcas en libros y datos que permiten reconstruir un pasado que Ramírez evita recordar

Espacio, dirección y actuaciones

La escenografía y el vestuario de Alejandro Mateo construyen un entorno que acompaña el tránsito entre exterior e interior, mientras la iluminación de Ricardo Sica y la música original de Tom CL sostienen el clima general con sobriedad

La dirección de Moncarz trabaja con sensibilidad las zonas de fricción entre los personajes y afina un duelo actoral que mantiene la atención del público

Luis Campos compone un Ramírez cambiante, áspero y vulnerable, capaz de pasar de la brusquedad al reclamo afectivo con una intensidad siempre viva. Mateo Chiarino, por su parte, construye un Larry que crece escena tras escena: comienza desde cierta ingenuidad y termina afirmándose con una energía que alcanza el centro emocional del otro personaje

El resultado es una versión muy lograda de una novela compleja, íntima y convulsionada, que encuentra en el escenario una forma poderosa de seguir interrogando la memoria y los lazos humanos

Funciones: domingos a las 18, en Hasta Trilce, Maza 177. Duración: 90 minutos