Rosana Pérez creció vinculada a España: sus padres fueron inmigrantes españoles de la posguerra y ella siempre imaginó que algún día podría sentirse en ese país como en casa. Durante años, sin embargo, la vida siguió otro rumbo. Se casó, trabajó, crió a su hijo y se divorció después de 24 años de matrimonio
En 2024, a los 56 años y luego de 18 años de separación, decidió viajar a España. Vivió durante un año en Málaga y regresó a la Argentina en 2025. El retorno no fue como esperaba: encontró una realidad más difícil que la que había dejado y comprendió que ya no sentía que su lugar estuviera allí
Una segunda llegada a Málaga
En febrero de 2026 volvió a Málaga, esta vez con la intención de construir una vida permanente. La ciudad no era desconocida para ella: allí tenía una conexión con sus raíces y una familiaridad emocional, aunque pronto entendió que sentir un país como propio no equivale a formar una vida en él
Uno de los momentos que más la impactó ocurrió cuando fue a tramitar su nuevo DNI español. Recibió otro número y otro documento, una experiencia que interpretó como parte de la transformación que implica emigrar sin dejar atrás la propia historia
Para instalarse, dejó su departamento y su casa en un buen barrio de Buenos Aires, además de sus costumbres y la seguridad de lo conocido. También quedó a la distancia su hijo, de 26 años, que actualmente realiza un máster en Ciencias Políticas en Londres. Rosana viajó con Roki, su perro de diez años, al que considera parte de su familia
Trabajo, aprendizaje y edad
La nueva etapa también implicó reorganizar su vida cotidiana. Pasó de tener un hogar propio a vivir en un departamento compartido, una experiencia que le provocó nostalgia, pero que asumió como parte del proceso
Durante cuatro meses trabajó en el Duty Free del aeropuerto de Málaga. Aunque tenía un nivel muy básico de inglés, atendía a viajeros de distintas nacionalidades con gestos, paciencia y buena voluntad. La experiencia le mostró que no siempre es necesario contar con todas las herramientas antes de comenzar
Rosana busca nuevas oportunidades laborales y piensa en reinventarse profesionalmente. Tiene experiencia en ventas, atención al cliente, hotelería, eventos y marketing digital, y actualmente realiza un curso de barista. Le preocupa la estabilidad y reconoce que la edad puede dificultar el acceso a ciertos empleos, pero sostiene que no quiere permitir que el miedo tome las decisiones por ella
Una red afectiva en el nuevo destino
Durante su primera estadía en Málaga conoció a Clau, en el bar de esta última. En pocos minutos compartieron sus historias y comenzaron una amistad. Más tarde, San se sumó a ese círculo. Rosana las considera sus hermanas de la vida: con ellas comparte cuidados, alegrías y momentos difíciles
También encuentra apoyo en su hijo y en Roki. A futuro, desea alcanzar estabilidad, trabajar y disfrutar de una vida sencilla cerca de sus afectos. Después de 18 años divorciada, le gustaría conocer a alguien con quien compartir conversaciones, viajes y proyectos, sin buscar que esa persona la complete
Un proyecto todavía abierto
Rosana no presenta la emigración como una solución mágica ni cree que todas las mujeres deban abandonar su país para reinventarse. Su experiencia, dice, le confirmó que una persona no empieza desde cero: comienza con sus aprendizajes, pérdidas, temores y recursos acumulados
Argentina continúa siendo parte de su historia y Málaga es el lugar donde intenta construir su presente. Desde allí, sostiene que los años y los cambios vitales no clausuran los proyectos. A los 58, todavía tiene objetivos por cumplir y la decisión de seguir avanzando sin saber exactamente cómo terminará el camino