El Boeing 747 de Air India había despegado desde Toronto cuando, sobre el Atlántico y cerca de las costas de Irlanda, dejó de aparecer en las pantallas de control. No hubo aviso de emergencia ni señales previas de falla. De un momento a otro, el vuelo 182 desapareció
La madrugada del 23 de junio de 1985 marcó a cientos de familias en Canadá. Mientras esperaban noticias de sus seres queridos, muchos recibieron una confirmación brutal: el avión que llevaba a bordo a pasajeros que viajaban por las vacaciones de verano había caído al mar. La tragedia dejó 329 muertos
Una explosión y otra pista en Japón
La magnitud de los restos que comenzaron a aparecer en el agua llevó pronto a pensar en una bomba. Esa sospecha ganó fuerza cuando se conoció que, 54 minutos antes de la caída del vuelo 182, una valija explotó en el aeropuerto de Narita, en Japón, durante el traslado hacia otro avión de la misma compañía. Allí murieron dos despachantes y cuatro personas resultaron heridas
Las pesquisas apuntaron a militantes sij instalados en Vancouver y, en particular, a Talwinder Singh Parmar, líder de Babbar Khalsa, una organización armada que buscaba la creación de Khalistán. La violencia se había intensificado después de la toma del Templo Dorado por parte del gobierno indio en 1984, un hecho que encendió protestas entre la comunidad sij en varios países
Los sospechosos y la prueba que faltaba
Las autoridades allanaron viviendas en noviembre de 1985 y encontraron material explosivo. Sin embargo, el principal acusado no pudo ser condenado por falta de pruebas suficientes. La situación fue distinta para Inderjit Singh Reyat, cuya compra de un grabador y otros elementos quedó vinculada con los restos hallados en Narita
Reyat admitió haber hecho pruebas con explosivos y haber comprado el aparato, aunque sostuvo que lo había regalado. También reconoció haber buscado información sobre dinamita. Aun así, fue la única persona condenada por el ataque al vuelo 182
Un juicio sin respuestas
Con el paso de los años, el caso quedó estancado. Recién mucho después hubo nuevas detenciones, pero los acusados fueron absueltos. Para las familias de las víctimas, eso consolidó la sensación de que nunca habría una explicación completa sobre cómo se ejecutó el atentado
En 2006 se creó una comisión investigadora y, en 2010, su informe final concluyó que la tragedia fue producto de una cadena de errores. El documento señaló fallas previas al despegue, problemas de coordinación entre la Real Policía Montada de Canadá y el Servicio Canadiense de Inteligencia y Seguridad, y la destrucción de cintas con escuchas que podrían haber servido como evidencia
Una herida abierta
El caso sigue formalmente abierto. En 2025, la Real Policía Montada de Canadá volvió a afirmar que continúa revisando toda información nueva que aparezca. De los 329 pasajeros y tripulantes del vuelo 182, solo se recuperaron 131 cuerpos
Cuatro décadas después, el atentado permanece como una de las peores tragedias en la historia de Canadá y como un recordatorio de los costos que pueden tener la descoordinación, la desatención y las investigaciones incompletas