Alexandre Kalache insiste en que la transformación demográfica ya está en marcha y que las ciudades no se adaptan al mismo ritmo. Para el médico y gerontólogo brasileño, el desafío no pasa solo por la infraestructura: también involucra ciudadanía, movilidad, acceso a la educación, al trabajo y a la cultura

En una conversación sobre envejecimiento poblacional y agenda urbana, Kalache subraya que las metrópolis fueron diseñadas para jóvenes y que la longevidad obliga a repensar casi todo. También advierte sobre el avance del edadismo, la soledad no deseada y el riesgo de aislar a las personas mayores en espacios cerrados o segregados

Ciudades pensadas para otra época

Kalache plantea que la revolución de la longevidad exige indicadores para evaluar cambios urbanos en ciudades que no cuentan con los recursos de grandes capitales europeas o asiáticas. El punto central, dice, es entender que las necesidades cambian con la edad y que la respuesta pública debe anticiparse al cambio demográfico

Para él, la vida urbana debe garantizar participación social, oportunidades de aprendizaje, transporte accesible y una oferta cultural pensada también para personas mayores. La salud, remarca, no depende solo del sistema sanitario, sino del entorno cotidiano

La trampa de los guetos

El gerontólogo cuestiona con dureza los modelos residenciales segregados para mayores. Sostiene que una decisión tomada a los 60 puede parecer cómoda en el presente, pero volverse problemática décadas después, cuando cambian las condiciones de salud, autonomía y vínculos sociales

Su crítica apunta a los llamados guetos urbanos para personas mayores, que terminan concentrando dependencia, aislamiento y pérdida de capital social. La alternativa, dice, es promover convivencia intergeneracional y escuchar qué quieren las propias personas mayores antes de diseñar políticas

Soledad, edadismo y desigualdad

Kalache advierte que la soledad no deseada se volvió uno de los grandes problemas del envejecimiento. Explica que no se trata de la soledad elegida, sino de un aislamiento que aparece cuando se pierden la pareja, el entorno o los lazos comunitarios

También sostiene que el edadismo actúa de manera cotidiana: reduce la autoestima, margina a las personas mayores y refuerza la idea de que el mundo pertenece solo a los jóvenes. A su juicio, esta discriminación se agrava en sociedades desiguales, donde no existe una única vejez, sino trayectorias muy distintas según clase social y género

Derechos, trabajo y participación

El especialista defiende el derecho a seguir trabajando, estudiar, viajar y participar de la vida pública si la persona quiere y puede hacerlo. También cuestiona la idea de extender la edad jubilatoria como castigo para quienes llegan cansados o insatisfechos al final de su vida laboral

En ese marco, valora las políticas que sostienen ingresos, salud universal y acceso a servicios para personas mayores. Para Kalache, el objetivo no es crear una etapa de retiro pasivo, sino una vejez con derechos, autonomía y presencia social

Frente al avance de tratamientos y discursos antienvejecimiento, rechaza las promesas exageradas y las obsesiones por prolongar la vida a cualquier costo. Su propuesta es otra: llegar mejor, no solo más lejos