Agustín Berardo disfruta de las tareas más manuales del festival que organiza. “Lo que más me gusta es estar con el taladro en la mano arreglando cosas y construyendo. Me gusta ver cómo cobra vida lo que imaginamos todo el año”, dice sobre Amanita, que celebrará su tercera edición en Mercedes, provincia de Buenos Aires

El proyecto nació lejos de la Argentina. En febrero de 2020, Berardo viajó a Costa Rica y participó por primera vez de un encuentro de siete días en plena selva. Hasta ese momento trabajaba en marketing y comunicación, con una rutina ligada a eventos de una sola jornada y a la noche tradicional. Esa experiencia le cambió la idea de lo que podía ser un festival

Una experiencia que va más allá del escenario

En aquel viaje conoció el Ecstatic Dance, una práctica de baile libre con consignas simples: no usar el celular, no hablar y bailar descalzo. Poco después volvió a la Argentina y, ya en pandemia, empezó a organizar encuentros en su casa. Más tarde trabajó durante tres años como director de marketing de Envision Festival, en Costa Rica, y también pasó por experiencias similares en otros países

Con ese recorrido, en diciembre de 2023 organizó dos encuentros pequeños en una oficina vacía. Allí empezó a tomar forma la idea que después derivó en Amanita: sumar música, descanso, charlas, talleres y propuestas diurnas para que el público no quedara atado todo el tiempo a un escenario

La primera edición llegó en 2024, en Cañuelas. Al año siguiente el festival se mudó a Mercedes, donde también se hará esta nueva entrega

Más público, más comunidad

Berardo reconoce que al principio costó explicar de qué se trataba. “Teníamos miedo de que la gente no entendiera la propuesta, que vinieran pensando que era una fiesta normal”, recuerda. Sin embargo, con cada edición el público llega más informado y con otra disposición

La primera convocatoria reunió a 700 personas. La segunda, cerca de 1000. Para 2026, el organizador espera superar las 2000, con más de 200 artistas y 200 voluntarios

La franja más presente, según cuenta, es la de 35 a 45 años. Para ese segmento, Amanita busca ofrecer distintas puertas de entrada: música, yoga, talleres, pintura, actividades para chicos y espacios para descansar. “En el fondo nos unen las ganas de compartir, de vivir una experiencia distinta a lo que hacemos todos los días”, resume

Dormir en el predio y vivirlo como un viaje

Una parte central de la propuesta es quedarse varios días. Hay opciones para dormir en carpa, alquilar una ya armada, sumar glamping, ir en motorhome o alojarse cerca y volver durante el día

Para Berardo, pernoctar dentro del predio cambia todo. Despertar y acostarse entre las mismas personas forma parte de la experiencia. Aun así, aclara que quienes eligen otra modalidad también participan de un encuentro completo

El festival contará con 12 puestos gastronómicos. Se podrán llevar snacks, pero no cocinar ni hacer fuego. También habrá alcohol, aunque la organización procura que no marque el ritmo del evento

“Siento que estamos generando una cultura nueva: ir a dormir a los festivales y tomarlos como un viaje”, afirma

Una curaduría lejos de lo masivo

La música no sigue una lógica comercial. La selección busca abrir caminos más que repetir nombres conocidos. Entre los artistas que Berardo destaca está Kevin Di Serna, presente desde el inicio por su vínculo con la música como ceremonia y meditación

La curaduría también apunta a traer propuestas que muchos asistentes descubren por primera vez. En la edición pasada, por ejemplo, pasó Elias Alexander, músico que combina gaita y electrónica celta. Para este año vuelve a formar parte de la programación

La edición 2026 incluirá además a Oliver Koletzki, Alex Serra & Totidub, Mike Love, Moontricks con Sean Rodman, Guido Sartoris y Mushina, entre otros artistas y facilitadores

Hecho a mano y pensado para quedarse

Amanita tendrá siete escenarios y sumará talleres de arte, cerámica, pintura, propuestas de movimiento y actividades familiares. También incorporará un área de acroyoga y reforzará el Templo Rubí, orientado a actividades vinculadas con lo femenino y círculos de conversación

La construcción manual es parte de la identidad del evento. Carteles pintados a mano, espacios armados entre amigos y meses de trabajo colectivo sostienen una estética que Berardo no quiere perder. “Lo vivimos como un regalo a la gente”, dice

La experiencia también busca que el intercambio no ocurra solo frente a un escenario. Charlas bajo un árbol, vecinos de carpa y rondas junto al fuego forman parte del mismo relato. Este año, además, participará la familia Yahwana, originaria de la zona del Amazonas, en Brasil, dentro del espacio de Fuego Sagrado

Berardo piensa Amanita como un proyecto de largo plazo. Quiere crecer sin apurar el proceso ni cambiar su esencia. “Sueño con algún día estar celebrando 10, 20 o 30 años de Amanita”, asegura