En el norte de Petén, seis guardaparques mantienen una vigilancia permanente sobre más de dos millones de hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya. Desde 2020, el Grupo Élite Génesis ha sumado 111.000 kilómetros de patrullajes para contener la tala ilegal, la cacería furtiva y la ocupación de tierras en una de las últimas grandes selvas tropicales de Centroamérica

La operación se sostiene con financiamiento privado y sin un respaldo estatal estable. Para moverse en una zona donde la lluvia convierte los caminos en lodo, el equipo usa cuatrimotos, equipos de geolocalización satelital, conectividad remota y drones que permiten detectar actividad irregular antes de exponer al personal

De campamentos sin rumbo a vigilancia especializada

Francisco Asturias, director regional en Petén de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación, impulsó la organización del grupo hace más de dos décadas. Según su relato, al inicio los guardaparques permanecían en los campamentos sin equipo ni una planificación real de campo

A partir de ese diagnóstico, reunió a los perfiles con mayor compromiso y armó un primer núcleo de siete agentes para cubrir mejor el área protegida

Hoy, el equipo integra personal del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, del Centro de Estudios Conservacionistas y de FUNDAECO. Su trabajo se concentra en el Parque Nacional Mirador-Río Azul y el Biotopo Protegido Naachtún-Dos Lagunas, dentro de un corredor biológico que conecta Guatemala, México y Belice

Una frontera marcada por delitos ambientales

La primera gran presión que enfrentó el grupo fue la extracción ilegal de madera en el norte del parque, en la línea fronteriza con México. Asturias señala que redes vinculadas al comercio de maderas preciosas operaban con entradas breves y salidas rápidas para mover el material hacia otros mercados

La respuesta fue sostener presencia continua y realizar patrullajes sorpresivos. Esa estrategia permitió debilitar la extracción del lado guatemalteco. Luego, el equipo también enfrentó la caza furtiva, la erradicación de cultivos ilícitos en el punto donde coinciden los tres países y la prevención de nuevas invasiones en el norte del parque durante los últimos tres años

Las operaciones se coordinan con el Ejército de Guatemala, la Policía Nacional Civil y guardaparques de México y Belice. Aun así, en varios recorridos el equipo permanece solo por días en áreas remotas y sin apoyo inmediato

Riesgo personal y desgaste acumulado

El costo humano de esa labor ya dejó huella. Tres miembros fundadores recibieron amenazas de muerte contra ellos y sus familias y buscaron asilo político. El grupo actual, además, usa chalecos antibalas después de haber sido atacado a tiros en una intervención anterior

Asturias también advierte sobre filtraciones de información dentro de instituciones vinculadas al control territorial, lo que obliga a manejar la planificación con el mayor sigilo posible. A eso se suma la falta de presupuesto para cubrir combustible, alimentos, mantenimiento y equipo, además de salarios que en varios casos no superan el mínimo

Una reserva bajo presión constante

El deterioro del territorio sigue avanzando. Según datos de Global Conservation, más del 80% de la Reserva de la Biosfera Maya se ha perdido en las últimas dos décadas. Las invasiones de tierras, asociadas al crimen organizado y al lavado de activos mediante la ganadería, empujan la frontera agrícola y ganadera hacia zonas que antes eran selva

Asturias sostiene que, si el financiamiento se corta y los patrullajes cesan, nuevas aldeas pueden instalarse rápidamente en los sectores sin vigilancia. Por eso, el grupo mantiene recorridos incluso en Navidad, Semana Santa y temporada de lluvias, mientras impulsa una propuesta para establecer una franja de amortiguamiento de tres kilómetros en la frontera con Calakmul y Belice, dentro de territorio guatemalteco

“Tenemos que seguir cuidando la biodiversidad que existe”, resume Asturias. En la Selva Maya, esa frase describe una tarea que depende de pocos hombres, muchos kilómetros y una presión que no deja de crecer