Hace un año, Ámbar y Pilar fueron sometidas a una cirugía de ocho horas en el Hospital Garrahan para separarlas. Nacidas en Rosario, compartían el hígado y el esternón, una condición que volvió necesaria una intervención de altísima complejidad

Una operación riesgosa, pero exitosa

La intervención fue posible tras una preparación minuciosa. Hubo simulaciones previas en quirófano y un equipo multidisciplinario trabajó con tareas definidas para cada etapa del procedimiento

Participaron cirujanos plásticos, neonatólogos, anestesiólogos, especialistas en hemoterapia, instrumentadores quirúrgicos, técnicos de rayos y personal de tecnología médica

Después de tres semanas de internación, la evolución fue favorable y las niñas recibieron el alta. Desde entonces, sus padres hablan de una nueva etapa, atravesada por el alivio y la gratitud

La rutina de hoy

En casa, las hermanas empiezan el día con besos entre ellas y también con sus padres. Después vienen los juegos, el desayuno y su programa favorito. Según cuenta la familia, la salud de ambas se mantiene firme y la vida cotidiana recuperó la normalidad

Ámbar ya camina y muestra un carácter inquieto. Pilar, en cambio, gatea, se comunica con facilidad y disfruta hablar. La familia siente que cada avance confirma el valor de la operación y el camino recorrido

Los domingos, durante la misa, recuerdan el miedo, el dolor y la esperanza que acompañaron todo el proceso. Para ellos, ver crecer a sus hijas con normalidad es una celebración diaria