Angela Duckworth, psicóloga y profesora de la Universidad de Pensilvania, dedicó buena parte de su trabajo a estudiar qué explica el rendimiento humano más allá del talento innato. Su foco estuvo en la perseverancia, una cualidad que, según plantea, se vuelve decisiva en contextos académicos y profesionales
La perseverancia como resistencia de largo plazo
En una charla sobre educación, Duckworth definió la perseverancia como pasión y tenacidad para alcanzar metas a muy largo plazo. También la describió como resistencia: mantenerse firme en un objetivo durante años, con trabajo sostenido, como si la vida fuera una maratón y no una carrera de velocidad
Su experiencia como docente en escuelas públicas de Nueva York la llevó a concluir que el coeficiente intelectual no era la única diferencia entre sus mejores y peores alumnos. Observó que algunos estudiantes con buen desempeño no necesariamente tenían un CI especialmente alto, y que aprender contenidos difíciles dependía también del esfuerzo y del tiempo invertido
Qué mostró su investigación sobre el éxito
Con el tiempo, la especialista salió del aula para investigar niños y adultos en entornos exigentes. Su equipo analizó casos en la Academia Militar de West Point, un concurso nacional de ortografía, docentes novatos y vendedores de empresas privadas
En todos esos escenarios encontró un rasgo común: la llamada “garra”, que apareció como un predictor relevante del éxito por encima de la inteligencia social, la apariencia, la salud física o el coeficiente intelectual
En estudios con estudiantes de secundaria en Chicago, Duckworth también detectó que los jóvenes con mayor tenacidad tenían más probabilidades de graduarse. Aun así, reconoce que la ciencia sabe poco sobre cómo construir esa característica
La clave en niños y estudiantes
Ante la pregunta de cómo inculcar esa ética de trabajo, su respuesta es prudente: no tiene una fórmula definitiva. Sí destaca una vía que considera prometedora, la “mentalidad de crecimiento”, basada en la idea de que la capacidad de aprender no es fija y puede desarrollarse con esfuerzo
Duckworth concluye que el talento no vuelve tenaz a una persona y que la tarea pendiente es seguir investigando cómo formar chicos más resilientes. Para ella, la verdadera fortaleza se construye con constancia, aprendizaje y perseverancia sostenida