La concepción clásica de la verdad parte de una relación de correspondencia. Para Aristóteles, es verdadero afirmar que algo es cuando efectivamente es, y negar que algo es cuando no existe
El filósofo Darío Sztajnszrajber explicó que la particularidad de esta formulación está en el lugar central que ocupa el acto de decir. La verdad conecta el lenguaje y el pensamiento con una realidad que se presenta como objetiva
La dificultad de comprobar lo real
Esta perspectiva entra en tensión con el escenario contemporáneo de la posverdad, en el que los sesgos personales pueden pesar más que la comprobación empírica. Sztajnszrajber planteó así una dificultad: determinar cómo una persona puede salir de su propia perspectiva para verificar que algo es tal como es
El filósofo también señaló que las grandes verdades históricas estuvieron condicionadas por los paradigmas culturales y sociales de cada época
Entre la utilidad y el sentido
Las verdades cotidianas, según su explicación, se relacionan con resultados prácticos. Abrir una canilla y obtener agua, o encender una luz y verla iluminar, son ejemplos de acciones cuyo funcionamiento puede comprobarse de manera directa
La filosofía busca otra clase de respuesta. En lugar de concentrarse únicamente en cómo funcionan las cosas, intenta preguntar qué significan y qué propósito tienen. Por eso, una acción puede funcionar correctamente sin resolver por sí sola el problema de la verdad
En ese desplazamiento respecto de lo inmediatamente útil, la filosofía aparece como una forma de cuestionar la exigencia constante de rendimiento y de explorar una dimensión existencial más amplia