Bianca Zero llegó por primera vez a la Argentina de manera inesperada. Tenía 20 años, trabajaba como entrenadora personal en Génova y jugaba al fútbol cuando recibió una propuesta que cambiaría su vida: participar de un casting para Disney
La oportunidad surgió luego de que el entrenador de la selección italiana femenina sub-19 la reconociera por su desempeño deportivo y por una actuación que había realizado durante su infancia. Aunque no hablaba español, se animó a presentarse. En Buenos Aires aprendió el idioma y, según cuenta, en apenas un mes ya podía comunicarse con soltura
Con el tiempo, incorporó el acento porteño y algunas expresiones del lunfardo. También comenzó a sentirse cada vez más vinculada con el país. Después de varios años de regresar periódicamente para visitar a sus amigos y antiguos compañeros de elenco, decidió probar una vida permanente en Buenos Aires a comienzos de 2026
Una decisión tomada contra la corriente
En Italia tenía un programa de radio, pero sentía que había dejado una historia inconclusa en la Argentina. A los 28 años resolvió mudarse para comprobar qué podía construir allí, convencida de que, si no lo intentaba entonces, podía arrepentirse más adelante
La actriz, que estudió interpretación durante 11 años, se presenta a castings y también trabaja como modelo. Además, integra un equipo femenino de fútbol, actividad que practica a diario y que forma parte central de su rutina
Su permanencia, sin embargo, está condicionada por el trabajo. Un proyecto audiovisual que podía ayudarla a obtener una visa laboral quedó suspendido, y ahora teme tener que regresar a Italia si no consigue una propuesta estable
Entre la pertenencia y las diferencias
Zero asegura que muchas personas se identifican con su experiencia porque la Argentina mantiene fuertes vínculos con la inmigración italiana. Para ella, los apellidos, las costumbres y ciertos rasgos sociales hacen que la adaptación resulte más sencilla
La principal dificultad que encuentra es económica, especialmente por venir de Europa. Fuera de ese aspecto, dice sentirse cómoda y valora la disposición de los argentinos para reunirse, celebrar y compartir tiempo con otros
También conserva hábitos de su país. No logró acostumbrarse al mate, toma café y come pasta todos los días. Los horarios locales de almuerzo y cena le resultaron extraños al principio, ya que en Italia es poco habitual cenar después de las 20.30
Una nueva vida a través de las redes
Al instalarse en Buenos Aires, comenzó a crear contenido sobre su experiencia y sobre los lazos entre Italia y Argentina. Esa actividad le permitió establecer una rutina, acercarse a nuevos públicos y reunir una comunidad de más de 49.000 seguidores en Instagram
Para Zero, vivir sola en otro país implica desarrollar fortaleza y capacidad de adaptación. La experiencia, sostiene, la obligó a reinventarse, a perder la vergüenza para buscar oportunidades y a crecer con rapidez