En Boxtown, un barrio negro de Memphis, el aire llega con olor a huevos podridos y a quemado. A pocos kilómetros, una central térmica alimenta uno de los centros de datos de SpaceXAI, parte de la expansión acelerada de infraestructura para inteligencia artificial en el sur de Tennessee
La reacción local ya tomó forma de movimiento. Entre quienes lo encabezan está Jasmine Bernard, de 17 años, que desde hace casi dos años se enfrenta a unas turbinas de metano que, según los vecinos, agravan un entorno marcado por décadas de contaminación industrial
La historia del lugar pesa. Boxtown fue fundado por antiguos esclavos y, de acuerdo con activistas locales, el riesgo de cáncer allí es cuatro veces mayor que el promedio nacional. La misma lectura comparte KeShaun Pearson, cofundador de Memphis Community Against Pollution, quien acusa a las autoridades de abandonar a la comunidad
Un negocio enorme, un costo local
Pearson sostiene que Colossus I, el primer gran centro de datos de Elon Musk, resume lo que ocurre cuando se prometen inversiones sin consultar a la población. Desde la distancia se distinguen turbinas y naves repletas de procesadores; toda esa capacidad informática está alquilada por Anthropic por más de 1000 millones de dólares al mes
La empresa sostiene que las turbinas tienen filtros y que la calidad del aire sigue por encima de los estándares. No respondió a las consultas sobre estos reclamos
Menos aire limpio, menos agua y más ruido
La molestia no se limita al olor. Cada día, Colossus I extrae 4,5 millones de litros del acuífero que abastece de agua potable a Memphis y su zona metropolitana para enfriar sus sistemas, según la organización Protect Our Aquifer
SpaceXAI había prometido construir una planta para reciclar aguas residuales, pero el proyecto quedó suspendido. Aun así, Colossus I habría generado 12 millones de dólares en impuestos en 2026. El alcalde demócrata de Memphis anunció después un plan para redistribuir 3,35 millones de dólares entre las comunidades afectadas
Del otro lado de la frontera estatal, en Southaven, Misisipi, 69 turbinas funcionan sin pausa para alimentar Colossus II, un centro de datos ubicado a menos de dos kilómetros. Ese complejo impulsa el bot Grok, de X
Krystal Polk, cuya familia vive allí desde hace cuatro generaciones, dice que el ruido no da tregua. Afirma que las vibraciones le provocan náuseas y que ni los pinos que rodean su casa alcanzan para amortiguar el estruendo
La batalla legal por las turbinas
Asociaciones y especialistas denuncian que la central fue instalada sin autorización ni consulta pública, en violación de normas ambientales como la Clean Air Act. Según Earthjustice, que representa a la NAACP en una demanda contra SpaceXAI, la ley exige permisos previos para este tipo de instalaciones contaminantes
La organización afirma que la compañía colocó turbinas consideradas ilegales mientras tramitaba los permisos. SpaceXAI las describió durante meses como temporales para evitar autorizaciones de calidad del aire, y a fines de julio se comprometió a retirarlas y reemplazarlas por una planta permanente ajustada a la normativa
En junio, el Departamento de Justicia pidió desestimar la demanda de la NAACP por razones de seguridad nacional. Para Boxtown, la pelea ya tiene antecedente: en 2021, los vecinos lograron frenar un oleoducto en el barrio. Ahora esperan repetir la historia con los centros de datos