La detección temprana sigue siendo una de las herramientas más importantes para enfrentar el cáncer de mama. Ante ese escenario, la recomendación médica apunta a no postergar los controles y a prestar especial atención a los factores de riesgo personales y familiares

La mamografía, el estudio clave a partir de los 40

El estudio indicado es la mamografía, una prueba por imágenes capaz de detectar lesiones muy pequeñas, incluso antes de que puedan palparse. La recomendación general es comenzar a realizarla a los 40 años y repetirla cada año, según la indicación del ginecólogo y el de riesgo de cada paciente

Según explicó el médico, este control puede advertir alteraciones de alrededor de 0,5 centímetros. Por eso, la palpación no reemplaza la consulta médica ni el estudio por imágenes

Antecedentes familiares: controles antes y en forma individual

Cuando existen antecedentes de cáncer de mama en la familia, la edad para iniciar los controles puede adelantarse. En esos casos, se sugiere consultar con el especialista para comenzar el seguimiento unos diez años antes de la edad en la que se diagnosticó la enfermedad en la familiar directa

La decisión sobre cuándo empezar y con qué frecuencia repetir los estudios debe tomarse de manera personalizada. También influyen otros factores como el tabaquismo, la obesidad y la hipertensión

Diagnóstico temprano y chances de curación

La enfermedad es poco frecuente antes de los 30 años, aunque en esos casos puede haber un peso hereditario importante. El mensaje central es no retrasar las consultas y sostener los controles preventivos

El diagnóstico oportuno mejora el pronóstico: nueve de cada diez casos pueden curarse. Al mismo tiempo, cada año se registran unos 22.000 diagnósticos, una cifra que equivale a cerca de 60 por día