El asalto que lo cambió todo

Viena, 21 de diciembre de 1975. Seis hombres armados llegaron en tranvía hasta la sede de la OPEP, en pleno centro de la ciudad. Entraron con bolsas de lona, abrieron fuego y tomaron como rehenes a 62 funcionarios y dignatarios reunidos en la conferencia anual del organismo

El grupo mató a tres personas en los primeros minutos. Luego convirtió el edificio en una sala sitiada durante tres días, con armas, explosivos y amenazas de ejecución periódica si no se cumplían sus exigencias

Al frente estaba un joven de 26 años que se presentó con desparpajo: “Soy el famoso Carlos”

El hombre detrás del nombre

Décadas después, en la prisión de Poissy, en Francia, Carlos el Chacal aparece envejecido, lento y con lagunas de memoria, pero todavía dispuesto a hablar de aquel episodio que lo hizo célebre en todo el mundo

En la entrevista, el recluso, identificado oficialmente como Ilich Ramírez Sánchez, recuerda algunos detalles del secuestro y admite algo central: el ataque de Viena no fue una acción aislada ni improvisada, sino una operación ordenada desde arriba

Según su versión, el responsable fue Muamar Gadafi. La decisión habría salido del propio líder libio, molesto por la pérdida de fuerza del embargo petrolero árabe de 1973 y por la disputa interna dentro de la OPEP sobre los precios del crudo

La orden, el objetivo y el abandono

El plan no apuntaba solo a causar impacto. También buscaba eliminar a dos figuras clave: el saudí Ahmed Zaki Yamani y el iraní Jamshid Amouzegar. Carlos dice que recibió la misión como un encargo político y que el ataque fue ejecutado por su banda, conocida como el Brazo de la Revolución Árabe

Durante la toma, los rehenes fueron trasladados en un avión fletado y el drama se extendió por tres países. Pero la operación terminó mal para todos. Carlos afirma que Gadafi se retractó y lo abandonó junto con sus compañeros antes de que la crisis se cerrara por completo

Desde entonces, el francotirador convertido en símbolo del terrorismo internacional quedó solo. Condenado a varias cadenas perpetuas, pasó de ser un nombre temido y famoso a un preso anciano que revive, a medias, el episodio que lo convirtió en mito

De asesino a referente del terrorismo por encargo

La historia de Carlos ayuda a entender otra época del terrorismo: una en la que el espectáculo, el secuestro y la propaganda podían convertir a un atacante en figura global. Mucho antes de que la violencia suicida redefiniera el mapa del extremismo, él ya había mostrado el poder de un ataque cuidadosamente escenificado

Su caso también ilustra otra constante más actual: el uso de intermediarios criminales para ejecutar atentados y asesinatos por encargo. En esa lógica, el crimen se disfraza de causa, y la causa sirve de pantalla para los intereses de quien paga