Carolina Antoniadis llegó a este hogar a través de un hallazgo más que de una búsqueda. La artista dejó atrás el prejuicio contra la vida en departamento y terminó instalada en un edificio pensado para ofrecer la espacialidad de una casa, con luz, verde, dos balcones y pileta

La mudanza fue posible gracias a un fideicomiso al costo impulsado por un grupo de amigas. El proyecto está en Chacarita y prioriza los espacios comunes al aire libre, además de unidades con terrazas profundas y ventilación cruzada

Una casa armada como una muestra

Antoniadis cuenta que vive la decoración con una mirada casi curatorial. Dice que organiza cada ambiente como si preparara una exposición, y que la casa fue pensada desde cero junto con su marido, Álvaro, arquitecto, especialmente para alojar sus bibliotecas y colecciones

La elección también tuvo que ver con la comodidad. Nunca había vivido en un departamento, pero el cambio le resolvió la rutina: ya no hay pasto que cortar y, además, su taller queda a tres cuadras

La pintura y el legado familiar

La artista sigue pintando todos los días. Incluso cuando está resfriada y no puede ir al galpón donde trabaja, siente la falta del taller como una interrupción física. Dice que su deseo ideal sería unir casa y taller en un mismo lugar, aunque reconoce que sería una mudanza enorme

Su vínculo con la pintura viene de familia. Su abuelo, Demetrio Antoniadis, nació en Grecia, llegó a Rosario en 1911, estudió Bellas Artes y terminó convertido en un pintor reconocido. Ese taller de infancia quedó asociado para ella con la idea de un espacio de magia

Objetos, texturas y herencias

La casa combina referencias distintas, con una base neutra y un gusto marcado por el art déco. La pareja comparte la atracción por los objetos y los cuadros, mientras que la única pieza que rompe ese clima es una alfombra mexicana que Antoniadis dice amar

También aparecen otras huellas familiares. Su madre tenía una fuerte sensibilidad estética; su padre sacaba fotos, y su hermano, fotógrafo, empezó en el laboratorio que funcionaba en el garage. Ella misma probó el cuarto oscuro, pero prefirió la pintura porque necesita ver el resultado de inmediato

Para Antoniadis, la textura de su obra también se refleja en la manera en que arma su casa: mezcla textiles, obras propias, regalos de colegas y piezas grandes que cambian la energía de cada ambiente. Todo, asegura, responde al impulso y a la intuición