En Bogotá, una empresa fundada por el arquitecto Oscar Andrés Méndez y la ingeniera electrónica Isabel Cristina Gámez encontró una respuesta posible para dos problemas urgentes: el déficit habitacional y la contaminación por plásticos
Su desarrollo convierte bolsas, envases de alimentos y botellas de champú en ladrillos encastrables, fabricados en un 95% con plástico reciclado, que permiten levantar una casa en menos de una semana
Bloques livianos, casas rápidas
El sistema, creado por Conceptos Plásticos en 2010, usa residuos recolectados por recicladores y desechos industriales. El material se funde, se moldea y luego se arma como un conjunto de piezas que encajan entre sí
Cada bloque pesa cerca de tres kilos, un valor parecido al de un ladrillo convencional. La diferencia está en el montaje: al no requerir obra húmeda, la estructura avanza más rápido y con una logística más simple
Una vivienda estándar de dos dormitorios, con baño, living, comedor y cocina, necesita alrededor de seis toneladas de plástico. El costo estimado va de US$4000 a US$7000 y el plazo de construcción ronda los cinco días
Más que una casa
Además de reducir tiempos y costos, los bloques ofrecen otras ventajas: resisten terremotos, son ignífugos, tienen buen aislamiento y, según la proyección de la compañía, podrían durar más de 200 años
La firma ya levantó más de 50 viviendas y escuelas en Colombia, trabajando con empresas privadas y una organización social
Una solución para residuos y educación
En 2017, la iniciativa llegó a Costa de Marfil tras el contacto con un representante de UNICEF que buscaba alternativas para un problema grave: los plásticos tapaban desagües, generaban agua estancada y favorecían enfermedades como la malaria
También había otro frente abierto. Muchas escuelas rurales construidas con adobe sufrían daños con las lluvias. Al viajar a Abiyán, los emprendedores encontraron además a mujeres que recolectaban plástico en basurales por salarios muy bajos
El proyecto terminó articulando varios objetivos a la vez: menos residuos, más empleo, escuelas más resistentes y un modelo productivo basado en la reutilización de materiales