Un informe de la Universidad de Buenos Aires advierte que casi la mitad de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. El relevamiento describe un escenario atravesado por empleos precarios, ingresos insuficientes y un deterioro marcado en el bienestar emocional
El estudio sostiene que esta situación ya no puede leerse como un fenómeno aislado: afecta a más de 4,1 millones de jóvenes en todo el país. También introduce una distinción más dura dentro del grupo de los que no estudian ni trabajan, al identificar a quienes además dejaron de buscar empleo, un núcleo que los investigadores definen como “inactividad absoluta”
Empleo precario y fin de mes imposible
Entre los jóvenes vulnerables que trabajan, solo el 15% tiene un empleo registrado. El resto se reparte entre tareas no registradas y formas de supervivencia laboral como changas, venta ambulante o trabajo por internet
La mayoría se concentra en actividades de baja calificación, sobre todo comercio, construcción y tareas de limpieza o cuidado. Además, para el 56,9% de los encuestados, los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes
La dificultad golpea con más fuerza a las mujeres: el 62,3% declara insuficiencia de ingresos, contra el 53% de los varones. En los segmentos de mayor vulnerabilidad social, la situación empeora: apenas el 0,5% tiene trabajo registrado y el 70,2% dice que no llega a fin de mes
La educación sigue siendo la apuesta
En contraste con ese panorama, la educación conserva un peso central. El 85,7% de los jóvenes vulnerables cree que estudiar puede mejorar su calidad de vida
Sin embargo, el deseo choca con obstáculos concretos: el 75,2% tuvo que interrumpir su formación. Entre los principales frenos aparecen la falta de dinero y la falta de oportunidades, muy por encima de los problemas familiares
La meta más mencionada para los próximos años es conseguir un empleo o mejorar el actual. Solo un 15,2% se propone terminar sus estudios como objetivo a cinco años
Ansiedad, tristeza y desánimo
El informe también registra un fuerte malestar emocional. Siete de cada diez jóvenes afirman sentir nervios o ansiedad, y dos de cada diez dicen experimentarlos todos los días
Más de la mitad reconoce síntomas de tristeza, desgano o depresión. En paralelo, aparecen consumos problemáticos asociados al uso intensivo del celular, el alcohol, los cigarrillos, otras drogas y las apuestas online
Los autores del estudio advierten que la combinación entre precariedad material, frustración y desánimo ya forma parte de la experiencia cotidiana de una porción amplia de la juventud argentina