Christophe Krywonis volvió sobre uno de los momentos más decisivos de su vida personal: la cirugía bariátrica que atravesó hace seis años. En una charla abierta, el cocinero remarcó que no alcanza con la intervención médica y que, antes que nada, hace falta preparación emocional

La decisión de operarse

Consultado sobre qué le diría a alguien que está por someterse a una operación de ese tipo, fue directo: la terapia es imprescindible. Según explicó, el proceso solo funciona cuando la persona entiende por qué quiere operarse y qué cambios está dispuesta a asumir

Él mismo tardó seis años en tomar la decisión. Dijo que tuvo miedo, pero que la espera valió la pena. También contó que el cirujano Ariel Ferraro no quiso intervenirlo al principio porque consideraba que todavía no estaba preparado

Exigencia y aprendizaje

La conversación derivó hacia su costado más exigente. Krywonis admitió que en televisión su imagen quedó asociada a un nivel de perfeccionismo que, visto en perspectiva, fue demasiado alto. Sostuvo que llevar esa obsesión al extremo puede volverse dañino

Para graficar ese aprendizaje recordó una escena de sus años de trabajo en cocina. Tras cometer un error en un evento multitudinario, recibió una respuesta breve y contundente que, dijo, le dejó una lección duradera sobre el equilibrio entre rigor y respeto

Mandar sin humillar

Hoy, al frente de Mon Poulet, tiene 34 empleados a cargo y subrayó que detrás de cada puesto hay familias que dependen del trabajo diario. Por eso, afirmó que no tolera la falta de respeto hacia quienes tienen menos experiencia

También habló de la violencia en las cocinas y aseguró que esa etapa de su vida quedó atrás. Con 45 años de oficio, defendió una forma de conducir equipos basada en la exigencia, pero sin abuso

Una vida marcada por la cocina

Krywonis empezó a los 15 años en Francia, en un restaurante con estrella Michelin. Pasó jornadas de más de 100 horas semanales, trabajó con los pies mojados dentro de borcegos y atravesó una rutina tan dura que llegó a dejar la cocina durante seis meses a los 18 años

Volvió casi por instinto, atraído por el olor de un caldo de pescado que salía de una cocina en París. Más tarde, cuando llegó a la Argentina en 1989, dijo que la adaptación fue muy difícil. Con el tiempo, sin embargo, cambió por completo su mirada sobre el país y hoy lo define como un lugar con todo lo necesario