La temporada de uva avanza con una cosecha abundante en Kandahar, en el sur de Afganistán, pero para muchos productores y trabajadores el buen rendimiento no alcanza para aliviar la crisis. Los enfrentamientos con Pakistán y el cierre de pasos fronterizos bloquearon la salida de la fruta fresca hacia el principal mercado de exportación

Ante la imposibilidad de vender sus uvas fuera del país, muchos agricultores recurrieron al mercado interno. La mayor oferta empujó los precios a la baja y, como alternativa, varios productores comenzaron a secar la fruta para convertirla en pasas, un producto más barato y de menor valor comercial

Una salida forzada

En un depósito de Zhari, en Kandahar, las uvas cuelgan de varas alineadas en filas mientras ventiladores mueven el aire caliente del verano. Allí, la fruta se seca para transformarse en pasas, aunque ese cambio tampoco resolvió el problema: los precios también se desplomaron

Sakhi Jan, dueño de un huerto en Zhari, explicó que en su casa viven 10 personas y que hoy apenas logra sostenerse. Según dijo, siete kilos de pasas que antes se vendían entre 1.000 y 1.200 afganis ahora se pagan entre 400 y 450

“Antes el trabajo era constante, vendíamos parte de la producción y la gente tenía empleo”, afirmó. “Ahora la dificultad es enorme”

Menos exportaciones, menos empleo

La Cámara de Comercio e Inversión de Kandahar señaló que el cierre fronterizo afectó con dureza no solo a la uva, sino también a otras frutas, como la granada. En 2025, las cinco provincias del sur que concentran la producción de uva exportaron 44.225 toneladas por 13,8 millones de dólares. Casi toda esa mercadería, 43.000 toneladas, tuvo como destino Pakistán

Este año, en cambio, apenas salieron 256 toneladas por un valor de 100.000 dólares

Para los exportadores, el escenario es devastador. Haji Abdul Hai aseguró que nunca había visto los pasos cerrados durante tanto tiempo y recordó que, en el pasado, las interrupciones solían durar pocos días

El impacto también se siente en el empleo rural. Qudratullah Popal contó que el año pasado el huerto donde trabajaba reunió a unas 1.500 personas durante la cosecha. Este año, dijo, quedaron apenas 15

“Las uvas salieron bien, pero no pueden exportarse. Se mandan al mercado interno, donde ya hay abundancia”, explicó. “Cuando las rutas se bloquean y el comercio se detiene, el sustento de todos queda paralizado: comerciantes, obreros y dueños de huertos”

Una crisis que llega al hogar

En un país marcado por la pobreza y la desnutrición, la caída de ingresos agrava una situación ya frágil. Para familias que dependen por completo de la cosecha, la falta de acceso a los mercados externos convirtió una buena temporada agrícola en una fuente de pérdidas y preocupación

Los productores insisten en que la reapertura de los pasos fronterizos es urgente para que la fruta vuelva a circular y para que la actividad retome, al menos, parte de su ritmo habitual