El jurado que delibera en el juicio contra Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos en Massachusetts, tiene sobre la mesa cuatro posibles veredictos. La exenfermera de 36 años admitió haber causado las muertes, pero su defensa sostiene que atravesaba una psicosis posparto y que no podía distinguir entre el bien y el mal

La fiscalía, en cambio, afirma que actuó con intención y planificación. La decisión del jurado será clave para definir si Clancy queda en libertad, internada en un hospital psiquiátrico o condenada a prisión de por vida

La opción de no culpable por trastorno mental

La defensa basó su estrategia en la psicosis posparto. Según esa versión, Clancy sufrió alucinaciones y escuchó una voz que le ordenaba matar a los niños después de dar a luz a su hijo menor

En Massachusetts, la acusada no debe probar su enfermedad mental ni su falta de responsabilidad penal. La carga recae en la fiscalía, que debe demostrar más allá de toda duda razonable que Clancy era penalmente responsable al momento de los hechos

Si el jurado optara por una absolución total, Clancy quedaría libre, aunque ese escenario se considera improbable. Más viable sería un veredicto de no culpable por trastorno mental, que derivaría en su internación en un hospital psiquiátrico

En ese escenario, el caso no se cerraría con una pena penitenciaria, sino con la definición de dónde pasaría el resto de su vida

Asesinato en primer grado: la condena más severa

La acusación más grave es la de asesinato en primer grado. En ese nivel, la ley exige que la muerte haya sido provocada de manera intencional y premeditada

Una condena de ese tipo en Massachusetts implica cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional

Para llegar a ese veredicto, el jurado tendría que considerar que hubo crueldad extrema, atrocidad o premeditación. La fiscalía insiste en que Clancy padecía una enfermedad mental, pero no al punto de impedirle comprender sus actos o distinguir entre el bien y el mal

Los peritos de la acusación también cuestionaron que realmente hubiera escuchado la voz que, según la imputada, le ordenó matar a sus hijos

Asesinato en segundo grado: una condena sin premeditación

El asesinato en segundo grado abarca homicidios ilegítimos cometidos con malicia o extrema imprudencia, pero sin planificación previa

Ese veredicto supondría aceptar que las muertes no fueron producto de una preparación deliberada, aunque sí de una decisión tomada en el momento

También en este caso la pena sería de cadena perpetua, aunque con posibilidad de libertad condicional

Homicidio involuntario: la alternativa menos grave

El juez sumó al jurado la posibilidad de declarar a Clancy culpable de homicidio involuntario, una figura que había generado debate entre las partes

Ese delito se refiere a una muerte no intencional producida por conducta temeraria o imprudente. La pena máxima es de 20 años de prisión por cada cargo

Esta salida permitiría concluir que los asesinatos no fueron planeados ni calculados, sino el resultado de una decisión tomada en una fracción de segundo

La fiscalía, además, no necesita probar intención de matar para una condena por homicidio involuntario