Las grandes tecnológicas han ganado espacio en las escuelas de Estados Unidos con una combinación de equipos, software, capacitación y financiamiento. Su presencia ya no se limita a vender dispositivos: también incide en la forma en que se enseña, en qué herramientas usan los docentes y en qué habilidades se priorizan dentro del aula
Capacitación con sello corporativo
En el verano de 2025, Microsoft reunió en Manhattan a unos 200 docentes para entrenarlos en el uso de chatbots de inteligencia artificial como Copilot. La actividad incluyó ejemplos prácticos y materiales audiovisuales orientados a acercar la IA a los profesores, incluso en contextos donde parte del alumnado todavía no estaba habilitado para usar esas herramientas
Poco después, la Federación Estadounidense de Maestros anunció un programa de formación en inteligencia artificial financiado con 23 millones de dólares aportados por Microsoft, OpenAI y Anthropic. La conducción sindical defendió el acuerdo como una vía para aprender a usar estos sistemas de forma segura, prudente y ética, y también para que los educadores participen en su desarrollo
Pero el desembarco empresarial abrió dudas. Docentes y especialistas advirtieron que este tipo de convenios puede funcionar también como una estrategia de promoción comercial y no solo como actualización profesional
El ecosistema escolar de las tecnológicas
Google, Microsoft y Apple no solo ofrecen cursos. También proveen computadoras, tabletas, sistemas operativos, plataformas de mensajería y aplicaciones para escribir, programar y analizar datos. Desde esa posición, influyen en estándares, materiales gratuitos, investigaciones y campañas que empujan la adopción de sus productos
En paralelo, varias de estas compañías sostienen iniciativas educativas que llevan su marca al centro de la experiencia escolar. Hay programas de programación, recursos para estudiantes y proyectos pensados para instalar desde temprano el uso de sus plataformas
Google, el dominante
Dentro de ese mapa, Google se consolidó como el actor más extendido en las escuelas estadounidenses. Su expansión se apoyó en servicios gratuitos como Gmail y en dispositivos de bajo costo como las Chromebooks. En el último año, estos equipos representaron el 59% de los dispositivos móviles enviados a colegios del país, según Futuresource Consulting
La empresa impulsó además campañas con mensajes centrados en el aprendizaje, el acceso y la preparación para la universidad y el trabajo. Sin embargo, el beneficio de fondo está en familiarizar a millones de estudiantes con su ecosistema digital y con los servicios que la empresa puede monetizar más adelante
Google también arrastra antecedentes por el manejo de datos infantiles: en 2019 pagó 170 millones de dólares para resolver denuncias vinculadas con la recopilación ilegal de datos de menores en YouTube
Dudas sobre el impacto real
La inversión en tecnología educativa fue enorme, pero sus resultados académicos no siempre acompañaron. Con el tiempo, crecieron las críticas de familias y directivos que cuestionan el uso intensivo de pantallas en la escuela. En Los Ángeles, por ejemplo, se decidió retirar iPads y Chromebooks de los primeros grados
Ese cambio refleja un giro más amplio: la idea de que cada alumno necesitaba un dispositivo para estar preparado para el futuro perdió fuerza frente a nuevas preocupaciones sobre concentración, aprendizaje y dependencia tecnológica
Del código a la inteligencia artificial
La presión para sumar programación al currículo nació dentro del propio sector tecnológico. En 2011, Eric Schmidt criticó a las escuelas británicas por no enseñar informática. Un año después, Microsoft lanzó una advertencia similar en Estados Unidos por la falta de ingenieros. En 2013, una campaña viral con Bill Gates y Mark Zuckerberg ayudó a empujar leyes estatales para ampliar la enseñanza de informática
Ahora el foco se desplazó hacia la inteligencia artificial. Mientras las tecnológicas invierten miles de millones en centros de datos y automatizan tareas antes reservadas a programadores, también crecen las voces que piden una educación tecnológica más crítica
Una mirada más crítica
La llamada educación cívica tecnológica gana espacio entre docentes, padres e investigadores. La propuesta es que los estudiantes no solo aprendan a usar herramientas digitales, sino que también se pregunten quién las crea, quién gana con ellas y qué efectos pueden tener a largo plazo
En ese marco, algunas aulas ya trabajan el impacto social de la tecnología como parte del aprendizaje. La discusión dejó de ser solo técnica: hoy también incluye poder, dependencia, privacidad y el peso creciente de las grandes empresas en la escuela pública