Las correas de las persianas son de los elementos que más uso reciben en casa y, al mismo tiempo, de los que menos se limpian. El roce constante de las manos y la acumulación de polvo y grasa pueden oscurecerlas hasta dejarlas casi negras
Si la cinta sigue en buen estado, su limpieza es sencilla y no hace falta desmontar la persiana. Antes de empezar conviene revisar si tiene hilos sueltos, desgaste visible, pérdida de grosor o si el sistema ya ofrece resistencia al subir y bajar
Una limpieza suave para empezar
Para trabajar con comodidad, hay que bajar la persiana por completo y mantener la correa tensa. Colocar un paño detrás ayuda a proteger la pared de salpicaduras y de la suciedad que se desprenda durante el proceso
La limpieza básica se hace con agua tibia y unas gotas de jabón neutro o lavavajillas. Basta con humedecer ligeramente una esponja, un paño o un estropajo suave y pasarla de arriba abajo, sin empapar la cinta
También conviene revisar la cara posterior, donde se acumula suciedad aunque no siempre se vea. Si quedan restos adheridos, un cepillo pequeño de cerdas suaves, como uno de dientes viejo, permite insistir sobre las manchas sin ejercer demasiada presión
Secar bien y evitar daños
Cuando la suciedad desaparezca, hay que retirar los restos de jabón con una bayeta limpia y ligeramente húmeda. Después, la correa debe secarse con un paño antes de volver a usar la persiana
No es recomendable dejarla mojada, porque el exceso de humedad puede llegar al mecanismo del recogedor y provocar problemas de funcionamiento
Ojo con los productos fuertes
Si la grasa está muy incrustada, puede parecer tentador usar un desengrasante. Aun así, no todas las correas aceptan los mismos productos y aplicar uno inadecuado puede estropear el tejido
Algunos modelos solo admiten limpieza en seco y desaconsejan detergentes, disolventes, alcoholes o productos abrasivos. Por eso, si se conoce la marca o el modelo, lo más prudente es revisar las indicaciones del fabricante antes de usar cualquier producto más potente
Si no se dispone de esa información, lo mejor es comenzar siempre por la opción más suave y probar primero en una zona poco visible. Así se comprueba si el color cambia o si las fibras se dañan
Tampoco conviene mezclar productos de limpieza para intentar recuperar una correa muy ennegrecida. Además de debilitar el material o alterar su tono, esas combinaciones pueden provocar reacciones peligrosas
La frecuencia de limpieza dependerá del uso y del entorno. Las correas situadas cerca de la cocina o en zonas con mucho polvo necesitarán más atención que las de espacios menos expuestos. Revisarlas a tiempo ayuda a conservarlas mejor y evita limpiezas más agresivas en el futuro