El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, reactivó este fin de semana el debate por la ley 25.542, que obliga a editores e importadores a fijar un precio uniforme de venta al público para los libros. Su planteo fue eliminar la norma, vigente desde 2001, y habilitar descuentos libres en librerías, plataformas digitales y otros canales de venta
La legislación actual solo admite rebajas acotadas en ferias del libro y beneficios excepcionales para programas destinados a bibliotecas y librerías. Para el Gobierno, esa regulación encarece el acceso a los libros; para gran parte del sector, protege la diversidad de la red librera y evita una mayor concentración del mercado
Un choque entre precio y संरक्षण cultural
La propuesta desató una respuesta inmediata de cámaras, editores, libreros y escritores. La principal objeción es que, sin precio uniforme, las grandes cadenas y las plataformas digitales podrían imponer condiciones que terminarían debilitando a las librerías pequeñas. También advierten que la experiencia internacional no muestra una baja sostenida de precios cuando se abandonan estas regulaciones
Desde el sector señalan además que las librerías cumplen un papel cultural y que en la Argentina unas 1500 están distribuidas en todo el país, con una fuerte concentración en la ciudad de Buenos Aires. Según las entidades, la venta de libros del segmento editorial comercial en librerías representa el 80% del total
La discusión escaló en redes
Sturzenegger defendió su posición en una serie de publicaciones en X y sostuvo que la única mirada relevante es la del consumidor. También afirmó que hoy un mismo libro puede tener precios distintos según el canal, y que la ley le impide a una librería ofrecer descuentos para atraer lectores
En ese intercambio intervino el periodista y escritor Luis Novaresio, y el ministro puso como ejemplo su propia novela para ilustrar la diferencia de precios entre librerías, formato digital y audio. Luego agregó que la competencia principal para las librerías ya no es la de enfrente, sino Amazon, Kindle, Audible y los nuevos hábitos de consumo
Apoyos políticos y rechazo del sector
Las publicaciones del ministro fueron replicadas por el presidente Javier Milei y por dirigentes, economistas e intelectuales afines al oficialismo. También hubo respaldos de figuras vinculadas al PRO y de algunos referentes que ven en la derogación una forma de abaratar los best sellers
Del otro lado, escritores, editores, libreros y legisladores opositores cuestionaron la iniciativa. Entre los argumentos más repetidos aparece la advertencia de que una caída inicial de precios podría terminar en mayor concentración del mercado y en el cierre de librerías independientes
En paralelo, Fundación El Libro defendió el cumplimiento del reglamento en la Feria del Libro para asegurar condiciones iguales entre expositores. En ese marco, aclaró que cuando detecta un incumplimiento debe labrar un acta y actuar con criterios objetivos
Mientras el Gobierno insiste con la derogación, el sector del libro busca reuniones con dirigentes de todo el arco político para frenar la medida o, al menos, abrir una discusión más amplia sobre el sistema de comercialización. El conflicto dejó al descubierto una tensión de fondo: si la prioridad debe ser abaratar el libro o sostener la estructura que hoy permite la existencia de miles de librerías