WASHINGTON.- Un grupo de nuevas fortunas y compañías tecnológicas está cambiando el mapa del financiamiento político en Estados Unidos. Las criptomonedas, la inteligencia artificial y las apuestas en línea pasaron a ocupar un lugar central en las elecciones legislativas de 2026, con desembolsos que ya marcan un récord para el ciclo
El fenómeno desplaza a los viejos actores dominantes de Washington y lleva al centro de la escena a empresarios que construyeron su riqueza en sectores que casi no existían hace una generación. Mientras crece la presión para regularlos, esas mismas empresas usan su poder económico para sumar aliados, influir en las normas y frenar controles más estrictos
Un gasto corporativo sin precedente
Las empresas estadounidenses ya habían destinado 517 millones de dólares a las campañas para la Cámara de Representantes y el Senado en los primeros 15 meses del ciclo, por encima del récord anterior de 461 millones registrado en 2024. A eso todavía falta sumar la ola de gasto que suele concentrarse en la recta final de la campaña
Si se incluyen también aportes de multimillonarios, sindicatos y organizaciones sociales, el gasto total en anuncios políticos para estas legislativas podría llegar a 11.600 millones de dólares, de acuerdo con estimaciones del sector publicitario especializado
Cómo entra el dinero en la campaña
Parte de ese flujo se canaliza a través de super PAC, comités asociados y entidades sin fines de lucro que no siempre revelan a sus donantes. Las empresas y sus fundadores también aportan de manera directa a candidatos o estructuras políticas afines
Entre criptomonedas, tecnología y apuestas en línea, al menos 294 millones de dólares del gasto corporativo ya provinieron de esos sectores. La estrategia combina publicidad, movilización de votantes y respaldo financiero a campañas estatales y federales
Criptomonedas, IA y apuestas pisan fuerte
Las empresas cripto ya demostraron su capacidad de intervenir en carreras clave. Coinbase, Ripple y Andreessen Horowitz volcaron dinero en 2024 a través del super PAC Fairshake para derrotar al senador demócrata Sherrod Brown en Ohio. Ese comité arrancó este año con 193 millones de dólares y todavía conserva alrededor de 130 millones para gastar
En tecnología, Meta aportó 65 millones de dólares a cuatro super PAC destinados a respaldar candidatos de ambos partidos en varios estados. Elon Musk ya hizo aportes para las elecciones federales de 2026, mientras que Sergey Brin gastó más de 106 millones de dólares en California para oponerse a un impuesto sobre el patrimonio
La inteligencia artificial también entró de lleno en la pelea. Grupos respaldados por OpenAI y Anthropic, o por sus ejecutivos, gastaron más de 23 millones de dólares en junio en una contienda entre dos demócratas en un distrito de Nueva York. Además, el super PAC Leading the Future ya reunió 140 millones de dólares, impulsado en parte por donaciones vinculadas a directivos de OpenAI y a Andreessen Horowitz
Anthropic, por su parte, canalizó al menos 40 millones de dólares a través de una organización sin fines de lucro con financiamiento opaco y mantiene relación con un super PAC adicional. También administra un pequeño comité tradicional que recibe aportes de empleados y puede donar directamente a campañas
Las apuestas deportivas siguieron el mismo camino. DraftKings, FanDuel, Fanatics y bet365 ya aportaron más de 72 millones de dólares, sobre todo mediante comités alineados en elecciones estatales donde el sector enfrenta mayor regulación. Polymarket también destinó 1 millón de dólares a un super PAC republicano
Una influencia con límites
Pese a la magnitud del dinero, el poder de estas industrias no es absoluto. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses cree que hay demasiado dinero en la política, y varios candidatos demócratas progresistas han construido sus campañas sobre esa idea
Para los críticos, este nuevo patrón de financiamiento corre el riesgo de desplazar problemas más urgentes para los votantes, como el costo de los alimentos, la gasolina y la atención médica. Para sus defensores, en cambio, se trata de una forma de darle voz política a sectores emergentes que ya influyen de lleno en la economía estadounidense