Al volver a ver Niños del hombre, la película dirigida por Alfonso Cuarón adquiere una resonancia distinta. Estrenada en 2006 y basada en una novela de P. D. James, imagina un futuro cercano situado en 2027
La historia transcurre en un mundo donde la humanidad se ha vuelto estéril. La muerte de un joven argentino de 18 años, presentado como la persona más joven del planeta, anuncia el agotamiento de una era
El escenario es un Londres destruido y militarizado. Las sociedades están al borde del colapso, mientras el gobierno británico convierte a los inmigrantes y a quienes los defienden en sus principales enemigos. La violencia, el autoritarismo y la ruptura de los acuerdos atraviesan la vida cotidiana
Theo, interpretado por Clive Owen, se ha apartado de los demás después de perder a su hijo durante una pandemia global. Vive con indiferencia el deterioro de la humanidad, hasta que descubre que Kee, una joven que nunca había visto un bebé, está a pocos días de dar a luz
Desde ese momento, Theo debe llevar a Kee y a su criatura hacia un lugar posiblemente seguro. No cuenta con certezas ni garantías: solo con la necesidad de proteger una vida excepcional en un mundo que parece avanzar hacia su propia destrucción
La película sostiene su relato de acción con una pregunta más profunda: qué significa cuidar al otro, especialmente a quien todavía no puede defenderse. La esperanza no depende únicamente de la misión de Theo, sino también de una cadena de gestos anónimos que ayuda a preservar la vida de Kee
En ese sentido, la película también dialoga con La carretera, otra distopía estrenada en 2009. Allí, un hombre intenta conservar lo humano cuando cada noche le lee un cuento a su hijo, en medio de un planeta devastado y entregado al salvajismo
El futuro de Niños del hombre no se parece por completo al presente, pero su 2027 produce un eco inquietante. No hace falta vivir entre ruinas para comprender el desencanto de Theo
La diferencia decisiva es que los niños siguen naciendo. Cada nacimiento mantiene abierta la posibilidad de que la humanidad continúe siendo digna de ese nombre